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Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Celebramos los 204 años de la proclamación de la Independencia, las Fiestas Patrias, que sucede a las proclamaciones previas en Cangallo, 14 octubre 1814; Huamanga, 8 de noviembre 1820, y Trujillo, 29 diciembre de 1820. Para la proclamación de la independencia, como para la definitiva libertad, el 9 de diciembre, llegaron soldados de distintos países, con hambre de libertad, a fin de que seamos nosotros, quienes decidiéramos nuestra forma de vida, en y con libertad, es decir, en democracia. Sin embargo, esa libertad aun no es plena, y esa estela, de libertad, sigue constituyendo un objetivo pendiente, continuando las luchas, incluso con pérdida de vidas, consistiendo nuestra libertad, solo en acudir a votar por candidatos, impuestos por cúpulas del poder político y económico, alimentando esperanzas de mejores condiciones de vida, paz, desarrollo, seguridad y vigencia de los derechos fundamentales, a fin de dar sentido a la vida, dar sentido a la sangre derramada por nuestros antepasados

Los que lucharon por la independencia, renunciaron a sus intereses personales, entregando su sangre y vidas, con honor y dignidad, por la libertad que, sin embargo, se fue destruyendo y perdiendo, en medio de oscuros apetitos, lejos de visibilizar el faro de paz, justicia y verdadera democracia, que ilumine y oriente nuestro destino, con auténtica conciencia libre, con partidos políticos democráticos, que tomen en cuenta las decisiones y expectativas de su militancia, para vivir y trabajar con dignidad, salud, educación, respeto recíproco, seguridad y con garantías para la vida.

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Por lo mismo, la libertad debe ser reconquistada, como dice Goethe, en su obra Fausto: “no merece disfrutar ni de la libertad ni de la vida, quien no sepa reconquistarlas toda la vida”; es decir, la libertad debe ser alimentada cada día, con gestos, acciones, ideas, decisiones, donde ella no sea un pretexto para hacer lo que se quiera, sino lo que se debe, de tal suerte que, cuando cantemos ¡somos libres!; desechemos el fundamentalismo y el totalitarismo imperante, bajo control de pequeñas élites delictivas y pensemos en los millones de peruanos que se hallan excluidos, sometidos a diversas presiones, chantajes y condiciones, pobreza y extrema pobreza, que no dignifican su condición de personas,

Por lo anotado, pese a que el pronunciamiento se dio hace un año, el mensaje, sigue vigente en nuestros días, porque la libertad y la democracia, siguen maniatadas El episcopado peruano decía: “indignan las grandes sombras que cubren a nuestra querida patria por los intereses particulares de grupos y personas que, buscando su propio beneficio, destruyen la democracia y las instituciones, vulneran los derechos humanos, la dignidad humana y de nuestra nación y desconocen el Estado de Derecho”.

Viviremos en libertad y democracia, si superamos las circunstancias actuales, en que los inteligentes se tienen que quedar callados, para que los brutos en el poder, no se enfaden.

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