En Estados Unidos los multimillonarios donan inmensas fortunas a las campañas electorales al extremo de que el triunfo demócrata o republicano es el triunfo de las empresas que apoyaron a uno u otro candidato.
Es el poder del capital el que se impone, dicta las leyes y decide quién puede ser elegido. Para esto tienen el control de los medios de comunicación, convertidos hoy en una clara expresión del poder mediático. No son el cuarto poder y pueden convertirse en el verdadero poder que aspiran todas las autocracias. En los Estados Unidos una empresa puede donar, sin ningún límite, el monto que él puede hacerlo. Nadie va preguntar sobre el origen del dinero aportado. Porque eso solo puede hacerlo un juez para conseguir el indicio de una acción ilegal que amerita una investigación fiscal.
Todos los candidatos han ocultado si fueron enjuiciados por delitos dolosos, de manera especial los candidatos a regidores y consejeros regionales. Estamos entonces atravesando una crisis institucional cuyas raíces debemos ubicarlo en la desastrosa gestión de Fernando Belaunde Terry y en el primer gobierno de Alan García Pérez. Estos gobiernos fallidos por su inoperancia y la acción terrorista de sendero luminoso.
Alberto Fujimori pervirtió la política en el Perú. Sus partidos políticos sin programas ni ideario aparecían con nombre distinto en cada proceso y obligaba a funcionarios de las distintas dependencias públicas a lanzarse como candidatos del partido que había formado.
Le dio buenos resultados en las elecciones municipales en la década de los noventa. Pero, para la política peruana fue el inicio de la antipolítica.
Con partidos formados para llegar ha capturar el poder, lo que tenemos ahora es la reproducción de partidos al modelo del fujimorismo: sin ideología, sin principios, con funcionarios obligados a candidatear, la estructura de los partidos entraron en anarquía y lo peor es que la juventud tiene el peor concepto de los que hacen política.
Por eso no debe sorprendernos cuando escuchamos decir que tal candidato robó pero hizo obra. Esta es un muestra de nuestra hipócrita idea de la moral. Pasamos por alto el saqueo de los recursos naturales y no nos interesa si estamos rodeados de mafiosos. Están robando y todos roban. Atrás quedan los principios y la ética y hay que aprovechar ese corto período para hacer fortuna.



