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La dependencia económica de Ayacucho y el freno al crecimiento económico local | Opinión

Rudy Anyosa | Visión global
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Ayacucho es una región cuya economía depende en gran medida del Estado. La mayor parte del empleo formal está asociado a este sector: profesores, servidores públicos, policías, entre otros. Las principales inversiones provienen también del Estado, lo que refleja una estructura económica fuertemente dependiente de recursos públicos. El sector privado, por su parte, está notablemente ausente, limitándose en su mayoría a inversiones en microempresas de supervivencia que generan empleos informales y mal remunerados, por debajo del salario mínimo vital. Esta realidad pinta un panorama desalentador, con pocas oportunidades para reducir la pobreza y el desempleo.

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Es bien sabido que el sector privado, a través de sus inversiones, es el principal motor del crecimiento económico y de la creación de empleos de calidad. Sin embargo, las estrategias y políticas regionales para fomentar la inversión privada suelen ser elaboradas por técnicos del Estado, personas con poca experiencia empresarial, lo que limita la efectividad de estas propuestas. Los empresarios, quienes conocen las posibilidades de inversión, los obstáculos para el crecimiento y las soluciones necesarias, deberían ser los que lideren las discusiones y propuestas para atraer y fomentar la inversión privada en la región. Es esencial que el empresariado ayacuchano sea proactivo y participe activamente en estos espacios de toma de decisiones.

Ayacucho carece de una base económica propia que impulse su desarrollo, a diferencia de otras regiones como Cusco, Apurímac o Ica, que dinamizan su economía a través del turismo, la minería o la agro exportación, respectivamente. La región depende de la inyección constante de recursos públicos, los cuales fluctúan según la voluntad del gobierno central. Esta dependencia no genera empleo productivo ni riqueza sostenible, como lo hace la inversión privada. Es hora de romper ese cordón umbilical de dependencia que nos limita y nos impide avanzar hacia un desarrollo real. Para lograrlo, el sector empresarial, trabajando de la mano con el sector público, debe tomar un rol activo en el cambio, liderando el proceso de transformación económica y promoviendo un entorno favorable para la inversión y el crecimiento.

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