En reciente artículo, Marcos Roitman Rosenmann, (La Jornada de México), señala que en Latinoamérica “las burguesías nacionales son una quimera.” Hoy existen “gobiernos reaccionarios producto de la unión de las derechas mundiales bajo el paraguas de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), (…) que unifica la producción ideológica en su guerra cultural contra la democracia y las alternativas populares.”
Roitman agrega que estos gobiernos “cohesionan a los diferentes sectores de las clases dominantes en un solo objetivo, recuperar el poder formal y convertirse en neocolonias de Estados Unidos.” Hace 60 años, dice, se diferenciaban “las plutocracias ligadas al imperialismo y una burguesía nacional partícipe del desarrollo interno, promotora de la industrialización y, (…) con tintes antiimperialistas.” El Mercado Común Centroamericano de 1960, fue el primero y luego en 1969, el Pacto Andino, ambos vigentes.
Eran iniciativas para generar un mercado común, una burguesía nacional. Ahora son a lo más zonas de libre comercio. Y, por otro lado, su ideario era la “integración, democracia representativa y desarrollo”, con “apoyo de los sectores medios urbanos” para lograr mejoras salariales mediante un “Estado interventor, keynesiano, que pactara una alianza con las clases populares.” Eran “anticomunistas, pero modernizadores”. En lo hondo, querían “contrarrestar la influencia de la revolución cubana y liderar el proceso de cambio socio-político.”
Eso fracasó, porque hoy, reafirma Roitman, todos “piden la intervención extranjera para mantener sus privilegios de clase.” Una hipótesis de ese fracaso, es la imposibilidad de esos sectores de ser una burguesía revolucionaria, capaz de desarrollar una Revolución Democrática Burguesa-RDB, quedándose como grupos económicos conservadores, oligárquicos, racistas, anticapitalistas competitivos, mercantilistas, es decir, neocoloniales.
No hubo una élite intelectual y política burguesa que provea de programas, partidos, bases sociales. Hoy los “partidos de la derecha latinoamericana, en sus versiones extrema, neoconservadora, democristiana, liberal, han renunciado a cualquier propuesta nacional.” Y sus dirigencias “abrazan el trumpismo”, saludan la intervención en México, el bloqueo a Cuba, buscan que EEUU establezca bases militares, etc. No cobran impuestos a los millonarios, sobrexplotan a los pobres con sueldos de miseria. Así: “Venden el país a las trasnacionales”.
Mariátegui advirtió esto en 1928. Así, propuso que ser revolucionario era hacer la RDB para romper con las políticas coloniales, feudales, oligárquicas, y establecer un Estado con formas capitalistas, liberales, representativas. Como sabemos, para Marx la RDB la lideraba la burguesía para impulsar las libertades, la ciudadanía, la democracia, etc., acabando con una sociedad estamental de privilegios, y creando una sociedad bajo el imperio de la ley y el orden.
La independencia debió hacerlo, pero solo expulsó a los españoles y dejó casi intacto el régimen económico semi feudal y el pensamiento monárquico de privilegios. El nuevo estado se construyó sobre esas bases, que, con algunos cambios, se mantiene. Por eso Mariátegui propuso que el proletariado, aliado al campesinado y sectores medios, desarrollara la RDB.
Siguiendo a Roitman, hoy la alta burguesía en nuestros países no tiene la fuerza intelectual, política y social para enfrentar a la maquinaria imperialista, depredadora, opresora. Solo le resta subordinarse. Esa situación lamentable se mantiene tras 100 años del diagnóstico de Mariátegui. ¿Qué hacer en una sociedad con el 50% de gente que cree que el autoritarismo mercantilista conservador de privilegios es legítimo?
Mariátegui decía que el proletariado debía “estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático burguesa que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir.” 100 años después no hay un proletario robusto como clase social, ni una burguesía nacional. Ahora bien, existen más de 27 millones habilitados para votar, y poco más de 9 millones 223 mil apoyaron a Keiko, y a Sánchez algo más de 9 millones 173 mil. En total algo más de 18 millones 300 mil personas.
Si la tasa de informalidad laboral es cerca del 70% de la población económicamente activa ocupada, se habla de alrededor de 12.5 millones. Es decir, que habría muchos informales que habrían votado por Sánchez, es decir por la democracia y contra el autoritarismo. Así, muchos informales serían demócratas liberales revolucionarios. Pero cabría preguntarse: ¿Los informales estarían dispuestos a una RDB? Es para otro texto.
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