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La escuela de las américas y la guerra de baja intensidad

Lo aprendido en las Escuelas de las Américas, donde los teóricos de la guerra de baja intensidad instruyeron a los militares de América Latina en su lucha contra el “cuco del comunismo”, estaba basado en la experiencia estadounidense en Vietnam. En este país asiático, el ejército de Estados Unidos experimentó diversos métodos de aniquilamiento de la población rural bajo la premisa de que las aldeas campesinas eran refugios de guerrilleros.

Sin embargo, las diferencias entre el contexto de Perú y Vietnam eran notables. La guerra de Vietnam fue un conflicto de liberación nacional que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial. En 1954, los vietnamitas derrotaron al ejército colonial francés en la batalla de Dien Bien Phu, pero, debido a la presión de los gobiernos occidentales liderados por Estados Unidos, el país fue dividido en dos: Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Se acordó realizar elecciones para unificar el territorio, pero Vietnam del Sur nunca cumplió con este compromiso.

Ante esta situación, el Partido Comunista de Vietnam del Sur organizó al Viet Cong, un ejército que combatió contra las fuerzas armadas del régimen prooccidental de Vietnam del Sur, sostenidas por Estados Unidos. A partir de 1962, tropas estadounidenses participaron directamente en el conflicto, que culminó con la derrota de Estados Unidos y sus aliados en 1975.

En el caso peruano, no se trataba de una guerra de liberación ni existía la presencia de un ejército extranjero. Sin embargo, la aplicación de métodos inspirados en la guerra de Vietnam, iniciados durante el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, tuvo consecuencias desastrosas. En lugar de proteger a las comunidades campesinas, muchas de las cuales fueron masacradas por Sendero Luminoso, como ocurrió en Lucanamarca, se comenzó a considerar a las comunidades quechuas como potenciales enemigos del Estado peruano.

Esto replicaba conceptos discriminatorios que habían marcado las relaciones entre el Estado y las comunidades indígenas desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, bajo la idea de que el «indio» era un enemigo interno. Esta visión contribuyó a la violencia y exclusión que afectaron gravemente al país durante el conflicto interno.

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