El incremento del crimen organizado, desde los más altos niveles hasta el delito menor que comete alguna que otra persona empujada por la necesidad, ha generado una sensación de inseguridad, que se ha convertido en un sentimiento de miedo de las familias, cuando alguno de sus integrantes se encuentra en las calles.
Esta sensación es mayor por el rol de algunos medios de comunicación, que por su contenido son realmente boletines policiales, dando cuenta de homicidios, robos, asaltos, agresiones diversas, atropellos, choques vehiculares en las carreteras, hasta los que cometen funcionarios públicos y en especial los congresistas.
El imaginario ciudadano no se aleja mucho de la realidad. Vivimos en una sociedad cada vez más insegura, donde se pueden perder las propiedades al menor descuido, víctimas de hurtos, robos o asaltos, mientras que no se descarta, si se trata de personas con ingresos medianos, que puedan ser víctimas de extorsiones.
Pero la cuota de sangre lo han puesto las organizaciones criminales que han tomado “por asalto” algunas zonas del país, donde se han convertido en los que disponen del orden. Ciudades como Ayacucho aún no conocen las extorciones domésticas, o se mantiene oculto, pero en otras regiones, ya es una suerte de norma: quien no paga por su seguridad doméstica, sea negocio, vivienda o vehículo, está expuesto a sufrir atentados e incluso a perder la vida.
Los ciudadanos, además viven con temor frente a la irresponsabilidad de los conductores de vehículos en las calles de las ciudades o en las carreteras. El caos del transporte urbano, tanto formal como informal, ocasiona diariamente decenas de accidentes en todo el país y Ayacucho no es la excepción.
Los accidentes son continuos y los pasajeros tienen que aceptar que su desplazamiento en un vehículo, sea al interior de la ciudad o fuera de ella, es una aventura, con la posibilidad de ser víctima o testigo de estos accidentes, que en algunas ocasiones son mortales.
Esta criminalidad tenderá a incrementarse en la medida que la crisis económica y su correlato político se agudice.
Hay que agregar, que la falta de sanción a los que cometieron los asesinatos en las manifestaciones de fines del 2022 y comienzos del 2023, es una suerte de carta libre a los organismos del orden, para actuar con los mismos métodos represivos en movilizaciones que se convoquen en el futuro.
Los ciudadanos tienen miedo de salir a protestar por lo que puede pasarles a ellos o sus familiares. No se trata de agotamiento, como algunos señalan.



