InicioEDITORIALLa mujer indígena: 500 años de opresión, marginación y racismo

La mujer indígena: 500 años de opresión, marginación y racismo

El colonialismo europeo no se limitó a saquear los recursos de los territorios que habitaban los pueblos originarios sometidos a sangre y fuego, sino que impusieron una violencia especial contra las mujeres, a las que esclavizaron, violaron, maltrataron, convirtiéndolas en las víctimas de los peores crímenes cometidos por los “blancos” contra las “gentes de color”, “los indios” o los “negros”, como despectivamente denominaron a las poblaciones de América, África, Oceanía y del sudeste asiático.

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Las mujeres indígenas conocieron más que los hombres, el racismo de los blancos. No sólo traficaron con ellas vendiéndolas como mercancías, sino que también las compraban los patrones para usarlas como objetos sexuales.

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Pero esto no pertenece al pasado. La discriminación de las mujeres indígenas, como dice Paula Alvarado Mamani, una dirigente del pueblo indígena Kolla en Argentina, las mujeres, por ser integrantes de comunidades indígenas, sufren en pleno siglo XXI una triple discriminación: por ser mujeres, pobres y pertenecer a pueblos indígenas.

En el Perú, también tenemos mujeres indígenas, herederas del valor de Micaela Bastidas. Allí está mamá Angélica, con su persistencia hasta la muerte, por el respeto a los derechos humanos de los detenidos y desaparecidos durante el conflicto armado interno.

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Los que pensaban que eso ya había sido superado, que el estado peruano respetaba a las mujeres indígenas, resultó una mentira. En las últimas movilizaciones, el Perú ha sido testigo, por una parte, del valor de las mujeres indígenas aimaras y quechuas, que salieron a protestar exigiendo la renuncia de la presidenta Dina Boluarte y el cierre del congreso y la convocatoria a elecciones generales.

Pero también ha sido testigo el Perú y se ha conocido en todo el mundo, el maltrato a esas mujeres indígenas valerosas por la policía, como sucedió en el interior de la Universidad de San Marcos, donde una mujer policía maltrató e insulto a una mujer andina, tirada boca abajo, donde se escucha claramente: ¡cállate india de …!

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Esos puntos suspensivos, es la grosería que siempre se acompaña para descalificar a los indígenas por parte de los blancos, los mestizos y los descendientes de indígenas, que se han aculturado, como decía José María Arguedas, porque se avergüenzan de sus orígenes y desprecian a sus ancestros. Por eso, las gasearon, las lanzaron al suelo y las agarraron a varazos en las calles de Lima, porque para esos policías “a las indias se les golpea” algo que no harían con una blanca de san Isidro.

Moira Millán, una indígena de Patagonia no se equivoca cuando denuncia que “Las mujeres indígenas enfrentamos la colonialidad, que ocasiona violencia de género, pérdida de nuestra espiritualidad e identidad y el terricidio en todas sus formas”. Ellas son las guardianas de la casa de todos: el planeta, frente a la depredación y voracidad de un sistema económico que nunca se satisface.

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