realizar sus actividades comerciales, afectando el ornato de la ciudad y la tranquilidad de sus habitantes. Esta forma de trabajar de estas empresas es como si un dueño de tienda utilizara las aceras para exhibir su mercadería, perjudicando a los peatones; cuando ocurre esto los policías municipales actúan, desalojándoles e, inclusive, embargando sus mercaderías, haciendo cumplir con las ordenanzas municipales. Pero ¿quién actúa frente al abuso de las grandes empresas, como la invasión de telarañas de cables de luz, teléfono, cables etc., que genera contaminación visual en las calles y plazas de la ciudad?
Por otra parte, las empresas modernas, como algunas de las que tienen presencia en Ayacucho, tienen compromisos en favor del entorno donde trabajan, porque es de allí de donde sacan sus utilidades. Una herramienta para ello es la responsabilidad social y ambiental que tiene cada empresa con la ciudad o territorio que la alberga, pero en Ayacucho no se nota ese compromiso. Si verdaderamente estas empresas tuviesen esas motivaciones y no solo el lucro, hace tiempo que ya hubieran sacado los cables y embellecido la ciudad, como la que realizan en otras ciudades. En Ayacucho se impone la ley de la selva, el del más fuerte, en este caso el de las grandes empresas, que hacen caso omiso a las ordenanzas municipales o leyes.
La belleza arquitectura del centro histórico de la ciudad de Ayacucho es opacada por las redes cables y postes que cuelgan y ocupan espacios públicos. Lo que deben hacer las empresas, como parte de responsabilidad social y ambiental, es que las redes de cables deben pasar por el sub suelo, evitando afectar los espacios públicos. Las autoridades y funcionarios deben hacer cumplir con las ordenanzas, tal como les exigen a las pequeñas tiendas y ambulantes; y las empresas, por iniciativa propia, cumplir con las ordenanzas municipales y las leyes y no abusar de la bondad y paciencia de los ayacuchanos.



