Quienes recuerdan la década de los setenta, tendrán en su memoria que, pese a la escases de vuelos y las malas condiciones de las carreteras, Ayacucho se convirtió en un destino para muchos turistas, especialmente los llamados mochileros, que si bien no dejaban grandes ingresos, hacían conocer la ciudad en el extranjero.
Posteriormente se promovieron sólo la Semana Santa y en algo los carnavales. Lo que faltaba era la conectividad con Cuzco, el principal atractivo turístico nacional, para que Ayacucho se integre al circuito Lima – Cuzco – Arequipa – Nazca – Lima, como un punto intermedio entre Lima y Cuzco, sea a la ida o retorno.
Pare eso se necesita promover este circuito, y la mejor corma es la aérea, dado el tiempo limitado que tienen los turistas. Una escala en Ayacucho de los vuelos, lo hacía, antes de la privatización, la empresa estatal Aeroperú. Pero esa es historia pasada e incluso la empresa Aérea Faucett también cumplía con esta ruta.
Es importante que el sector privado se haya dado cuenta de la importancia de una ruta turística que una Ayacucho con Cusco. Y hay que reconocer que este es un esfuerzo de empresas privadas, gremios empresariales, destacando el rol de las cámaras de comercio de Ayacucho y Cuzco.
Ayacucho tiene suficientes atractivos, infraestructura hotelera y restaurantes que ahora si permitirá que los turistas disfruten de su estadía en la ciudad. Hay que motivar en los ayacuchanos la importancia del turismo como una fuente importante para la economía regional.
No sólo por Wari, la capital del primer imperio andino que está siendo redescubierta para que se conozca la importancia de este periodo de la historia de los andes, sino porque Ayacucho tiene en sus inmediaciones a la Pampa de Ayacucho, donde se libró la última batalla por la libertad americana.
Y lo más importante, la cultura viva que tiene Ayacucho, una ciudad de artistas en los diversos campos, como la textilería, la cerámica, el tallado en piedra de Huamanga, así como artistas, cantautores.



