Las intensas precipitaciones registradas en la ciudad de Huamanga han dejado al descubierto un problema que los vecinos califican como recurrente y no atendido: la acumulación de tierra y piedra sobre pistas construidas en la falda del cerro La Picota, especialmente en la Asociación Jesús Nazareno y sectores aledaños, donde la activación de quebradas pone en riesgo a decenas de familias.
Un recorrido realizado por Jornada evidenció que varias calles que cuentan con pavimento permanecen cubiertas por sedimentos arrastrados desde la parte alta del cerro. Las canaletas están colmatadas y, en algunos tramos, la vía luce como una trocha debido a la capa de tierra y rocas depositadas tras las lluvias. En zonas donde no existen veredas ni sistemas de drenaje, el agua discurre libremente hacia las partes bajas, invadiendo viviendas y arrastrando más material.
Vecinos del sector, que pidieron mantener su identidad en reserva, señalaron que la situación no es nueva. Aseguran haber solicitado a las municipalidades trabajos de limpieza de quebradas, rastrillaje y ejecución de proyectos de drenaje pluvial, sin que hasta el momento se concrete una intervención integral.
“Cada vez que llueve fuerte, el agua entra a las casas y tenemos que limpiar nosotros mismos”, indicaron.
La preocupación se incrementa por la pendiente pronunciada del cerro La Picota y la presencia de varias quebradas que se activan durante lluvias intensas. En algunos puntos, el nivel que alcanzó el agua en anteriores precipitaciones es visible en muros y fachadas. Los residentes colocan piedras y sacos con arena en las puertas para intentar contener el ingreso del agua, pero reconocen que las medidas resultan insuficientes ante tormentas prolongadas.
El escenario local se enmarca en una problemática nacional. De acuerdo con el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), cada temporada de lluvias deja miles de personas afectadas por inundaciones y huaicos en distintas regiones del país. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) advierte de manera periódica sobre la activación de quebradas en zonas altoandinas cuando se registran precipitaciones intensas y continuas. En los últimos años, eventos asociados al fenómeno de El Niño han incrementado la vulnerabilidad de poblaciones asentadas en laderas y cauces secos.
En la región sur, antecedentes recientes de huaicos con víctimas mortales han reforzado la alarma entre los vecinos de La Picota, quienes comparan la pendiente del sector con otras zonas afectadas del país. Señalan que, de activarse una quebrada de mayor magnitud, el impacto podría ser considerable debido a la cercanía de viviendas construidas en la falda del cerro y a pocas cuadras de vías transitadas como la avenida Los Cedros y la avenida Las Palmeras, próximas al terminal terrestre.
Otro factor que agrava el problema es la disposición informal de residuos en la parte alta del cerro. Según los pobladores, personas no identificadas arrojan basura en la zona, lo que contribuye a la obstrucción de canales naturales y acelera el desborde durante lluvias.
Especialistas en gestión de riesgos han advertido en distintos informes que la ocupación urbana en laderas y quebradas sin infraestructura adecuada de drenaje incrementa la exposición ante fenómenos climáticos. La normativa nacional establece que los gobiernos locales deben incorporar la gestión del riesgo de desastres en la planificación urbana y ejecutar obras de prevención en zonas identificadas como vulnerables.
Mientras tanto, en la Asociación Jesús Nazareno y otros sectores de la falda del cerro La Picota, la tierra acumulada sigue cubriendo las pistas y las canaletas permanecen obstruidas. Los vecinos demandan acciones preventivas antes de que una próxima lluvia vuelva a activar las quebradas y convierta la preocupación en emergencia.
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