La presencia de Dina Boluarte en Roma, en su función de presidenta del Perú, debe generar más de un malestar en la curia romana, y en especial en el entorno del Papa León XIV, quien no sólo conoce los problemas que enfrenta la gobernante peruana, sino que, además, debe haberle llegado la carta que le envían los familiares de los asesinados y heridos en los meses de diciembre de 2022 y enero, febrero y marzo del 2023.
Es una presencia incomoda para su santidad, porque la señora Boluarte no sólo carga con esos 49 muertos y cientos de heridos -suficientes para una renuncia o vacancia- sino que esta cifra se incrementa con los cientos de muertos en el país por la falta de garantías en que viven los peruanos, a merced de la delincuencia común que ha copado las instituciones del país.
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Un ejecutivo que presenta iniciativas legislativas que van a la par con leyes que promulga el congreso, con la finalidad de garantizar la impunidad de los actos criminales, desde la corrupción que camina con saco y corbata, hasta las bandas criminales ligadas a la minería ilegal, el narcotráfico, la extorsión y la trata de personas, se han convertido en la principal amenaza de los peruanos.
Estas organizaciones criminales han encontrado en el sicariato, la “mano de obra calificada” para asesinar a quienes se les enfrentan o a los testigos que pueden señalar quienes están tras estos delitos.
Asesinatos de personas ligadas a actos de corrupción, como es el caso de la sala de “reposo para congresistas varones en el congreso”, donde la responsable murió de manera no esclarecida, o el “suicidio” de un alto directivo de la empresa encargada de vender alimentos enlatados para desayunos a escolares, son evidencias claras de como el propio estado contrata a estos sicarios.
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El Papa conoce de cerca estos hechos, porque ha sido el obispo de Chiclayo, región donde la señora Boluarte no ha llegado ni al 1% de aprobación de su gestión al mando del gobierno del país. Esto es una clara reprobación de los ciudadanos a un gobierno que no hace sino hundir más políticamente al país.
La presencia de una delegación peruana era importante. Pero debió ser una comitiva conformada por el ministro de Relaciones Exteriores, y quizás, acompañada de representantes de la sociedad civil, destacando necesariamente, que estos últimos son ajenos completamente al gobierno de Boluarte.



