Las medidas restrictivas sobre el uso de material pirotécnico en las celebraciones de navidad y año nuevo es letra muerta. Chicos y grandes, padres e hijos, se han dedicado a burlarse de la ley y han lanzado al aire miles de pirotécnicos, causando ruido y contaminando el medio ambiente.
Las recomendaciones para evitar el uso de pirotécnicos no es un capricho de una autoridad. Son un peligro, tanto para la propiedad como para la integridad, la salud y la vida de las personas.
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Ya no se recuerda que fue una chispa de un castillo de fuegos artificiales, en una celebración en la Plaza de Magdalena la que ocasionó el incendio que destruyó gran parte de los altares al interior del templo de la Magdalena.
Tampoco la cantidad de niños, especialmente niños que han sufrido daños en la vista y mutilaciones por “jugar” con cohetones y ratas blancas, que por suerte ya no se utilizan en estas celebraciones de fin de año.
Posiblemente muchos se preguntarán porque vemos que en los otros países se encienden grandes castillos de fuegos artificiales. La respuesta es una: lo hacen empresas con todas las seguridades para las personas y sus propiedades y generalmente en espacios especialmente acondicionados.
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En Ayacucho, especialmente en la capital existen espacios que se pueden acondicionar para convertirlo en un centro desde donde se lancen los productos pirotécnicos sin que sean una amenaza de incendios o daños a las personas. Es más, podrían crearse parques donde, durante las grandes manifestaciones religiosas no sea la plaza mayor donde se coloquen los castillos de luces artificiales, sino en estos espacios abiertos, que bien ubicados, podrían ser contemplados desde el centro de la ciudad y de todos los barrios o por lo menos de la mayoría.
Estamos a 500 años de la fundación de la ciudad y ya es el momento de comenzar los proyectos, no pensando que el alcalde que inicia lo va completar e inaugurar, sino dejará la obra para los siguientes gobiernos locales.



