Ha concluido la campaña electoral, y estamos a la espera de los resultados de esta consulta popular. Y, en lugar esperar el veredicto del Jurado nacional de Elecciones, ha comenzado a dar declaraciones sobre un supuesto fraude, culpando del mismo a Pedro Castillo.
Este parece ser un caso de esquizofrenia. Se siente víctima de una conjura para arrebatarle, algo que ella considera le pertenece desde siempre, desde por lo menos, cuando ocupó el puesto de su madre como primera dama del Perú.
Derrotada primero por Ollanta Humala, en una campaña con los mismos adjetivos de esta última, pero con menos apoyo de la ultraderecha peruana, que por lo menos, más de uno siguió viendo al fujimorismo como el verdadero peligro para democracia y el futuro del país. Fue derrotada, pero aceptó de mala gana su derrota.
La que si le dolió fue el triunfo de PPK. Ella estaba por delante del lobista peruano cuando se inició la segunda vuelta, ya que por poco no sale elegida en la primera vuelta. Tuvo una bancada de 73 mastines dispuestos a despedazar a cualquiera que se cruzase en su camino.
Contó con el apoyo de algunos medios de comunicación, pero no fue suficiente. En las últimas 48 horas PPK remontó y gano por algo más de 40 mil votos. No reconoció la victoria de su rival, dijo que le habían robado el triunfo y decidió vengarse del Perú por no haberla elegido.
Su bancada actuó a sus órdenes. Desconoció todo. Maltrató a los ministros, los amenazó, los censuró, los insulto a través de “sus” congresistas que obedecían las órdenes que enviaba por el chat del ‘mototaxi’ y luego de ‘la botika’.
Ha iniciado esta semana la segunda campaña de demolición de la democracia en el Perú. La primera la hizo contra PPK, luego contra Vizcarra y si no hizo contra el actual presidente, es que su prioridad era atacar a Verónica Mendoza, acusándola de comunista, senderista, terrorista y fraguando fotografías para hacerla aparecer conversando con Abimael Guzmán.
Parece que le dio resultado, porque finalmente Juntos por el Perú fue relegado por un candidato desconocido, a quien los grandes medios, tanto escritos como radio y televisión, lo trataron con guante de seda. Era el candidato más fácil de demoler en la segunda vuelta.
Era Pedro Castillo. Quienes han participado en elecciones peruanas desde que se recuperó la democracia en 1980, no recuerdan una campaña con tanto odio, como el que ha vertido Keiko Fujimori, la prensa que la ha respaldado y personas que se consideraban demócratas y que han resultado casi fascistas como Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro Vargas Llosa.
Es tan alevosa esta campaña contra Pedro Castillo, que a los periodistas de los medios los obligaban a mentir y a escribir a favor de la Fujimori y en contra de Castillo. Resultado, la plana periodística de América Televisión ha renunciado y han denunciado las presiones que se ejercieron contra ellos.
Ahora sale con el cuento del fraude electoral y encuentra eco en el hijo del Premio Nobel de literatura. Álvaro Vargas Llosa también denuncia el supuesto fraude, pero se cuida de no acusar ni al JNE ni a la ONPE, sino que lo ha organizado la “mafia” de Perú Libre. Por supuesto que Vargas Llosa hijo, olvida que es la candidata Keiko Fujimori la que está denunciada por el Ministerio Público de dirigir una organización criminal que es Fuerza Popular.
La democracia peruana está en peligro. El terrorismo mediático no ha dejado de actuar y sigue azuzando, sembrando miedo, dejando entre líneas la necesidad de evitar que el Perú caiga en manos del comunismo.
Finalmente, nuestra solidaridad con los periodistas de América Televisión por haber denunciado a ese canal por violar los principios éticos del buen periodismo.
Nuestra solidaridad con los periodistas de las grandes cadenas nacionales, especialmente del grupo El Comercio, que tienen que someterse a las presiones de sus propietarios, dejando de lado sus convicciones, ante el temor del despido.



