La calaña de congresistas que tenemos en este quinquenio, supera negativamente a todos los anteriores que ha tenido el país por su mediocridad, a lo que habría de agregarle que son una pandilla de sinvergüenzas.
Y la mejor demostración de eso, es que han hecho de la virtualidad su forma de participar en las sesiones de las comisiones y del pleno del congreso. Al extremo, que algunos participan desde el baño de su vivienda, como si fuera una extensión del palacio legislativo.
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Se recuerda, como el congresista fujimorista “Nano” Guerra García participaba en las sesiones de la comisión a la que pertenecía y al pleno del congreso, desde la playa donde estaba veraneando. Ni siquiera desde su casa de playa, sino de la playa y en ropa de baño. Lo único que falta, es que “asistan” virtualmente desde su dormitorio, echados en sus camas y medio dormidos.
Esta es la calidad de congresistas., que quieren dejar como herencia la asistencia virtual a los que ingresarán al congreso bicameral, para que estas mañas las ejerzan los nuevos representantes del poder legislativo.
Lo que habría que explicarles a estos impresentables sujetos que se llaman congresistas, es que los debates en todos los parlamentos del mundo, que se respetan, por cierto, se hacen presencialmente. Hubo la excepción durante la pandemia, pero las excepciones no se convierten en normas.
Cuando los ciudadanos elegimos a un congresista, y este se traslada a la capital de la república, donde está la sede del legislativo, se supone que durante todo su periodo de mandato permanecerá en esa localidad y asistirá puntualmente a las sesiones de las comisiones y los plenos. Para eso se le paga.
Si lo que prefieren es trabajar desde su casa, perfecto. Que se llame a un referéndum para ponerlos en su sitio: nada de oficinas ni de personal de apoyo. Que trabajen desde su casa, que su esposa sea su secretaria y sus hijos sus auxiliares. Y que vivan en la ciudad donde figura su residencia antes de ser electos.
Y el país se ahorrará una gran cantidad de dinero. Se desocupan los locales donde están las oficinas de los congresistas y se despide a esa burocracia parasitaria que no hace nada. Hagamos una campaña nacional. Este congreso de vagos que trabajen desde su casa, que no haya plenos, porque para las estupideces que dicen, mejor que no abran la boca.



