El amanecer del último sábado trajo consigo una nueva tragedia vial en la ruta a Huancayo. En la fría madrugada, un vehículo que cubría la ruta Cosme–Huancayo se precipitó al abismo y terminó sumergido en las aguas del río Mantaro. Siete personas —vidas, historias, sueños— quedaron atrapadas en el siniestro que una vez más tiñe de luto las carreteras en la región.
El accidente ocurrió a la altura del kilómetro 214+500 de la carretera Huancayo–Ayacucho, en el sector de Mantacra, distrito de Pampas, provincia de Tayacaja, en Huancavelica.
El vehículo, una Toyota Avanza blanca, de placa BZC-276, era conducido por Edwin Casahuillca Orejón (42), un hombre conocido en la zona por su trabajo constante como transportista y, además, hermano mayor de la reconocida cantante folclórica Linda Rosaly.
Muy temprano Casahuillca partió de Cosme rumbo a la ciudad de Huancayo con seis pasajeros a bordo. Entre ellos viajaban tres mujeres que retornaban luego de cumplir sus jornadas laborales. Según las primeras investigaciones, el conductor habría perdido el control en una zona altamente peligrosa, cayendo unos 100 metros hasta el cauce del Mantaro. El impacto fue brutal. Nadie escuchó el grito final.
Horas después, con la luz del día, se inició un operativo de búsqueda a cargo del Departamento de Protección de Carreteras Izcuchaca, junto a agentes de Rescate 105 Huancavelica y efectivos de la comisaría PNP Mariscal Cáceres. En medio del frío y la corriente del río, lograron recuperar tres cuerpos.
Se trataba de Eskcarlet Espinoza García (24), técnica de enfermería del centro de salud de Cosme, recordada por su vocación y entrega. Junto a ella también perdió la vida Justina de la Cruz de Huallanca (62), madre y abuela trabajadora y Carmen Elida O. M. (16), una adolescente que apenas empezaba a soñar.
Los cuerpos de Eskcarlet y Justina fueron hallados a orillas del río Mantaro, cerca del kilómetro 222; el de Carmen, algunos kilómetros más abajo, en el distrito de Quichuas, en Huancavelica. A ambas las trasladaron a la comisaría de Mariscal Cáceres para las diligencias correspondientes.
La Red de Salud de Churcampa expresó su pesar por la muerte de Eskcarlet Espinoza, destacando su compromiso con la atención a los pacientes de las zonas rurales. En su despedida, sus compañeros lamentaron su pérdida, describiéndola como una joven alegre, solidaria y dedicada a servir.
Mientras tanto, las labores de búsqueda continúan. Cuatro ocupantes aún permanecen desaparecidos. Las familias, sumidas en el dolor, se organizaron para exigir que los trabajos de rescate no se detengan hasta recuperar los cuerpos.
Fuentes cercanas señalan que el sueño y el exceso de velocidad pudieron haber sido factores determinantes. A ello se suma el mal estado de la vía —una carretera angosta, llena de baches y sin señalización adecuada— que desde hace años cobra víctimas sin que nadie asuma responsabilidad. Los lugareños la llaman, con resignada tristeza, “la ruta de la muerte”.
Al cierre del presente informe, la Policía Nacional informó que el vehículo siniestrado aún no ha podido ser recuperado del río y que se mantiene el despliegue de personal especializado en la zona para continuar con las tareas de búsqueda e investigación.
Las turbulentas aguas del río Mantaro volvieron a llevarse siete vidas que nunca debieron terminar de esta manera. En cada curva peligrosa y cada tramo descuidado de esa carretera, parece quedar el eco de un pedido urgente: que esta tragedia no se repita.
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