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Oclocracia o indigestión política | OPINIÓN

Es un término poco conocido pero fuertemente practicado en Latinoamérica , sobre todo en los últimos decenios. Proviene del griego OCHLOS (muchedumbre, multitud, gentío, plebe) y de KRATOS (poder). Etimológicamente significa el poder de la muchedumbre, es decir el gobierno que proviene de la masa de gente, que es muy diferente a masa crítica de gentes.

En sí el término tiene un significado despectivo tratando de referirse a la imposición irreflexiva, desmedida de la masa de gentes, del gentío en muchedumbre exacerbada para ejercer su fuerza contra el resto en aspectos de gobierno. En Perú sus “líderes” prefieren utilizar irreverentemente el término PUEBLO para pretender aparecer más elegantes, menos insultativos:“…porque el pueblo lo dice”, …”porque el pueblo lo pide..” para conversar con el pueblo..”,“…Pueblo y Fuerza Armada..“, etc.

Oclocracia o indigestión política

Pero nadie se preocupa en organizar al pueblo. Nadie se compromete a luchar por el cumplimiento de las leyes reformistas desde el 2003 para organizar al pueblo y así fortalecer la opinión , el diálogo y concertación ciudadanos como fuerza política y de diálogo pensante atendibles.

Entonces así esos venerables ideales de democracia y pueblo quedan recluidos insolentemente …”en la penumbra vaga …” como diría una canción del bolerista Julio Jaramillo. Este permanente atentado que viene sufriendo la democracia apunta a la predominancia de grupos de autoridades corrompidas y en tumulto con actitudes despóticas sin necesidad de ocupar cargos predominantes de gobierno, con acciones demagógicas, populistas, ilegalidades y violencia discriminatoria, elitista, despectiva, tratando de implantarse como sistema de gobierno. Jacobo Rousseau (1717 – 1778) la definió como “la degeneración de la democracia” que se vincula con la desnaturalización de la voluntad general ,intentando interpretar los intereses de algunos y no de la población en general.

Los practicantes contemporáneos o actuales de la oclocracia buscan una ilusoria legitimidad en el sector, según ellos, más ignorante de una sociedad , hacia el cual dedican todos sus esfuerzos de propaganda populista, barata y circense para luego manipular a ese sector ya debilitado históricamente y debilitarlo aún más. No les conviene elevar la calidad de la transparencia de la gestión pública ni mucho menos utilizar esta transparencia como instrumento pedagógico masivo político social para generar cultura política con masa crítica. Está claro que prefieren sembrar actos deliberados engañosos que confundan a grupos humanos significativos que ya padecen de anemia política.

Desde hace pocos años atrás el gobierno peruano concede una cuota significativa de presupuesto para aquellos partidos políticos que tienen congresistas (Art° 29 de la ley de organizaciones políticas).

El objetivo de ello es ayudarles a mejorar su visión partidaria sobre realidad peruana y capacitar a sus partidarios en el conocimiento y aplicación de su ideología política. El balance económico de rendición de cuentas sobre ese aporte no convence a nadie. Refleja un casi total incumplimiento sobre capacitación política intrapartidaria y de difusión extensiva de su ideología propia.

La prueba de esto se constata en la ausencia de inversión en estos elementos estratégicos en los Partidos. Suena a contradicción cínica o carencia de autorespeto partidario. La imagen pesimista que nos deja es que sus congresistas cobran por su representación y su Partido también nos cobra una comisión dineraria por ponerlos en el Congreso. Suficiente para que ambos grupos y la Olocracia también, queden egoístamente satisfechos. Personalmente no estoy en contra de dicha ley pero sí necesita ser reformulada para evitar su reiterado incumplimiento y , además, hacer respetar los fines para los que fue promulgada como pedagogía política.

Estamos hablando de más de 15 millones anuales de dinero público confusamente, penumbrosamente invertidos y confiados a Partidos que actualmente brillan por su ausencia en el escenario pedagógico político patriótico. Como diría el Cardenal huancaíno Pedro Barreto Jimeno: “… la política debe comenzar por sentir en carne propia los sufrimientos, angustias de la gente.

Esa es la esencia de la política que busca el bien común, todo dentro de expresiones de paz, sin enfrentar un derecho humano contra otro derecho humano, para que nuestra democracia sea participativa y nos vincule como peruanos solidarios…”. Lo cierto es que vivimos actualmente una “..indigestión de la política “, eso no es Política, y la olocracia descrita la fomenta y aprovecha tiránicamente de ello, cualquiera sea su brazo de izquierda o de derecha. “…los políticos actualmente no están escuchando al pueblo…”.

Hay indicadores de ello en los más altos niveles del Poder político nacional están dando muestras de ubicarse dando espaldas al país. Termina diciendo el Cardenal Barreto que “… escuchar no es lo mismo que oír . Escuchar implica buscar cauces de cercanía , diálogo y amistad. Cuando no hay reciprocidad en ello, es complicado construir un futuro próspero”. Aplicar el tejido de participación ciudadana que se promulgó desde el 2003, desgraciadamente incumplido hasta ahora por los sucesivos gobiernos nacionales y regionales , es una tarea inmediata que deben asumir tanto gobernantes como protestantes, (ahora que están de moda las protestas).

En la aplicación de la misma se puede ir perfeccionando la legislación. “…Acomodamos la carga en el camino..”, como dirían nuestros respetables y antiguos Arrieros de Huamanga.

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