La desesperación se ha instalado en el corazón de una humilde familia del distrito de Chilcas, en la provincia de La Mar. Desde el viernes 11 de julio, sus días se convirtieron en una cadena interminable de llamadas, súplicas, llanto y esperanza rota. El río Atalaya —con su corriente fuerte, implacable— se llevó a Amador del Villar Luque, un joven de 32 años, que había partido años atrás a la selva en busca de mejores oportunidades.
“Él ya vivía como cinco años en Bolognesi”, recordó su hermano familiar entre sollozos.
Allá, en el distrito de Tahuania, Ucayali, Amador había echado raíces: compró un terreno, se estableció, trabajaba la tierra junto a paisanos de San Miguel – La Mar. Su vida era sencilla, marcada por el esfuerzo. Solo regresaba a Chilcas en fechas especiales, cuando el corazón lo empujaba de vuelta a su gente.
La tragedia ocurrió una tarde cualquiera. El viernes, cerca de las 5 p.m., Amador y un grupo de conocidos fueron al río a refrescarse del sofocante calor amazónico. Lo que parecía un momento de descanso se tornó en pesadilla. El caudaloso río Ucayali lo arrastró sin piedad. Desde entonces, no hay rastro de su cuerpo. Solo queda la angustia.
En Chilcas, su madre y hermanos viven horas de dolor y desesperanza. Quieren traerlo de regreso, darle sepultura en su tierra, como dictan las costumbres andinas y los lazos del corazón. Pero no cuentan con los recursos necesarios. El rescate y traslado del cuerpo —si es hallado— requiere una logística que escapa a sus posibilidades.
“Lo único que queremos es traerlo de vuelta a casa”, clama Francisco del Villar Luque, hermano del desaparecido.
La familia ha iniciado una campaña solidaria, solicitando el apoyo de quienes puedan colaborar. Cualquier ayuda económica se puede hacer llegar al Yape 921 479 533, a nombre de Francisco, hermano.
Mientras tanto, la búsqueda continúa. Cada amanecer renueva la esperanza, pero también el miedo de que el cuerpo de Amador nunca sea hallado. La selva lo envuelve, pero su pueblo, su familia y su madre no descansarán hasta traerlo de vuelta al hogar que lo vio nacer.
Porque, más allá de lo sucedido, en Chilcas aún claman por justicia, por ayuda de las autoridades, y por una despedida digna del joven Amador.
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