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Quinua silvestre, alimento milenario olvidado | Opinión

Jaime Chauca| Libreta de campo
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Todos conocemos la quinua comercial (Chenopodium quinoa) una especie cultivada, cuyo centro de origen es la cuenca del Lago Titicaca. Es una planta, cuyas semillas tienen alto valor nutricional, por los aminoácidos esenciales y minerales que contiene. Por supuesto, Perú es el principal productor mundial de quinua, seguido por Bolivia y Ecuador.

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De otro lado, existe también la quinua silvestre (Chenopodium album) Se consume a nivel mundial, en África, Asia, Europa y América. En el Nepal es conocido como Petu, en México como quelite o huasontle, en Perú como quinuilla o yuyu. Crece en el borde de los cultivos y en todo espacio libre del campo y la ciudad. Su semilla puede conservarse viable en el suelo hasta por cuarenta años. Lo que más resalta es su contenido de magnesio, aproximadamente, 34 mg por cada 100 gramos de porción cruda de hojas, su contenido de calcio, hierro y potasio supera a otras verduras de hoja verde. Es una fuente de vitamina A, B, C, hierro, magnesio, fibra y proteína. El contenido de hierro supera, largamente, al de la espinaca. Otro aspecto importante es su alto contenido de flavonoides que es muy conocido por su actividad antioxidante. Los flavonoides de la de esta quinua, al igual que los del té verde, cacao y frutos rojos, ayudan a proteger a las células del daño de los radicales libres, reducen la inflamación crónica y mejoran la salud cardiovascular.

Sus semillas se usan de la misma manera que la quinua comercial, pero sus hojas adquieren gran importancia, porque se pueden utilizar como verdura, jugos verdes, licuados, tortilla, etc. Tiene el mismo uso de la espinaca.

La quinua silvestre tiene porte mediano, de tallo erguido y acanalado, las hojas están cubiertas de un polvo blanco, con apariencia de ceniza, llamada pruina, las semillas son de color negro en forma de lentejas.

En el Perú, con la invasión española se detuvo el proceso de domesticación de esta quinua. Igualmente en otras latitudes, la agricultura comercial lo relegó a segundo plano, considerándolo como “mala hierba”.

De la quinua silvestre, podemos destacar su notable contenido de hierro que junto con el “ataqu” y el berro tiene gran potencial para contribuir en el control de la anemia en zonas rurales. En este tema las investigaciones científicas tienen que contribuir en mejorar la biodisponibilidad, porque esa es la dificultad por lo que se opta por alternativas como las famosas chispitas y galletas con hierro incorporado que muchas veces terminan en la basura, porque no son consumidos por los niños.

Igualmente, en el hombre, la deficiencia de magnesio es la posible causa de muchos problemas de salud y una ingesta regular de quinua silvestre y espinaca contribuirían en la salud preventiva.

Si pensamos en desarrollo social y económico, tenemos que pensar en alternativas científicas sostenibles, de acuerdo a nuestra realidad.

Casi el 50% de los niños ayacuchanos padecen de anemia y el tratamiento debe ser integral, con todos los medios disponibles, alimentos de origen vegetal y animal, no solo con la sangrecita.

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