La tragedia se produjo cerca de la 8 y 40 de la noche en el cruce de los jirones 28 de julio y San Martín, cuando aún no se había implementado el proyecto de drenaje pluvial en el centro histórico de la ciudad.
Ese día no solo se reportaron muertes, sino también otras nueve viviendas destruidas, 105 afectadas y más de 20 heridos que pudieron sobrevivir a la furia de la naturaleza, un hecho que pudo ser evitado si desde un primer momento las autoridades hubieran mostrado interés en la prevención de riesgos y desastres.
En aquel día las fuertes lluvias habían acumulado grandes cantidades de agua que descendía desde el cerro La Picota formando ríos torrentosos que cruzaban la ciudad bajando por los céntricos jirones San Martín, Carlos F. Vivanco, Lima, Callao, Bellido, Manco Cápac y la avenida Mariscal Cáceres.
Las calles estaban congestionadas por el tráfico vehicular impidiendo el paso de peatones y vehículos de transporte, aunque muchos persistían en seguir circulando desafiando a la naturaleza.
Testigos que sobrevivieron a la tragedia recordaron que muchas mujeres y niños que viajaban en las combis gritaron por sus vidas, golpeando las ventanas y parabrisas de los carros que erran arrasados con fuerza, pero no pudieron escapar del torrentoso cauce de las lluvias.
Minutos después decenas de transeúntes con apoyo del personal policial y bomberos iniciaron el rescate de las personas atrapadas en los vehículos, algunos fueron encontrados con vida, mientras que otros tuvieron que ser trasladados al hospital.
MÁS INFO:
– Actualmente existe una placa conmemorativa en el referido lugar en honor a las víctimas de este alud; entre ellos figuran jóvenes, mujeres y niños.
– Han transcurrido 12 años y aún se evidencia la falta de cultura de prevención en desastres. Las lluvias siguen generando daños.



