Miles de niños, adolescentes y adultos jóvenes -menores de 40 años- celebrando Halloween, la fiesta de los muertos, las brujas y demonios, que Estados Unidos ha impuesto a los países bajos su influencia.
Es quizás junto al Santa Claus de navidad, los productos más emblemáticos de la cultura norteamericana, que ha demostrado el grado de penetración cultural, que evidencia el poder del “sueño americano”.
Hace cinco décadas, la población de Ayacucho, recibía el 1 de noviembre en el calor familiar. El día anterior, muchas familias habían enviado a hornear las guaguas preparadas en casa. Otro estaba compra do en el mercado, para regalar a los compadres y amigos y preparar el desayuno para el Día de Todos los Santos.
La noche del 31, en algunos bares de Ayacucho -bares donde era infaltable una guitarra- los pocos amantes de la música criolla celebraban el Día de la Canción Criolla, que se había impuesto durante el gobierno militar. Halloween no existía en el imaginario local
Hace cinco décadas llegó la televisión y con la televisión los programas norteamericanos. Pero no fue así. En los primeros años el único canal era del estado -canal 7- que también tenía programas locales. Eran otros tiempos, donde se daba mayor importancia a la producción nacional.
El desplazamiento de la fiesta de Todos los Santos y del día de la Canción Criolla, es un producto de la década del noventa. Coincidencias aparte, es en la época de la globalización, la unipolaridad, el gran desarrollo de la tecnología. El mundo, como se conocía se “achicó”.
La unipolaridad y la globalización comenzaron un proceso de formalización de las sociedades de acuerdo al modelo de los Estados Unidos: la democracia como ellos la entienden, la alternancia en el gobierno con elecciones como ellos lo entienden. Todo bajo ese modelo de la potencia única.
Uniformidad y para obtenerlo los medios de comunicación y la educación son los vehículos. Comencemos por lo segundo, porque en este caso es relevante. Halloween llega a los hogares a través de las escuelas de educación inicial, utilizando a los niños de 4 o 5 años para que sus padres los disfracen de diablillos o brujitas y pidan dulces. Todo, en base a las películas de Hollywood.
Para hacerlo y nadie observé nada, están los medios de comunicación y los intelectuales al servicio del imperio. Los primeros, harán del espectáculo y la frivolidad la razón se su existencia. Farándula y futbol los siete días de la semana, para que el trabajador informal agotado no vea su realidad. La mejor evidencia de como las familias fueron capturadas por este modelo, es la cantidad de Karlas, Magalis, Stefanias así como Cristianos, Ronaldos, Messis, con que han inscrito y hasta bautizado a miles de niños.
Hay que aceptarlo. El imperio ha dominado el mundo y los países periféricos cumplimos las órdenes. Sus intelectuales han despojado de la política al ciudadano, que no debe hacer política, porque la política está reservada a una clase: la clase política. Los demás somos el rebaño domesticado.
Halloween es la mejor demostración. Somos y no somos, pero pensamos como quieren que pensemos los que tienen el poder real en Estados Unidos. ¿Somos colonia? Esa debe ser una pregunta necesaria y cuántos países son colonias y vasallos del imperio del norte. En el Perú nos falta una base militar de Estados Unidos, pero pronto la tendremos en Piura. Será una más de las 800 bases que tiene en todo el mundo.



