Han transcurrido 41 años desde que el periodismo peruano se tiñó de sangre. El 26 de enero de 1983 Eduardo De la Piniella (El Diario de Marka), Pedro Sánchez (El Diario de Marka), Félix Gavilán (El Diario de Marka), Willy Retto (El Observador), Jorge Luis Mendívil (El Observador), Jorge Sedano La República), Amador García (Semanario Oiga), Octavio Infante (Noticias de Ayacucho), su guía Juan Argumedo y Severino Huáscar fueron asesinados a manos de los pobladores de la localidad de Uchuraccay en la provincia de Huanta.
Hoy, relataremos los sucesos que tuvieron lugar en ese fatídico día.
Antecedentes de la masacre
La comunidad ayacuchana de Uchuraccay y alrededores, en la provincia de Huanta, enfrentaban una dura situación debido al conflicto armado interno que se desató a partir de 1981 por la aparición del movimiento terrorista Sendero Luminoso quienes dieron inicio a la época de terror tras quemar material electoral en Chuschi, un pequeño pueblo de Ayacucho.
La comunidad de Uchuraccay está ubicada a cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Pertenece a la provincia de Huanta y fue catalogada por Sendero Luminoso como un corredor estratégico para sus actividades entre los valles y la ceja de selva ayacuchana.
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Luego de meses de temor, las comunidades afectadas decidieron organizarse firmando un acta suscrita en la cual se comprometían a luchar contra Sendero Luminoso.
Posteriormente se difundió la noticia que en Huaychao se ejecutó a cinco senderistas y días después, Uchuraccay imitó el acto en su localidad. El presidente de la República saludó el acto violento de los comuneros. “Espero que se restablezca la tranquilidad, y que la presencia y el valor de estos pueblos sean suficientes y no se requiera acudir a la fuerza para acabar con el terrorismo”
Llegada y masacre de los periodistas
Muchos de los periódicos limeños enviaron corresponsales a la ciudad de Ayacucho para investigar sobre el asesinato de los subversivos. Entre ellos: La República, Diario de Marka, El Observador y Oiga. Los periodistas, conocidos entre sí, emprendieron su viaje el miércoles 26 de enero alrededor de las 10 de la mañana rumbo a su destino final. Su objetivo era llegar a la localidad de Huaychao donde ocurrió la ejecución. Sin embargo, para llegar a dicha comunidad debían pasar por la comunidad de Uchuraccay.
Los periodistas lograron contactarse con Juan Argumedo, quien sería su guía hasta llegar cerca de la provincia. A dos horas de llegar a Uchuraccay, los hombres de prensa caminaron por sí solos. Minutos antes de llegar al centro del poblado oyeron los gritos de los pobladores acusándolos de terroristas. Después fueron rodeados por un grupo de ellos quienes habrían estado ebrios y armados con lanza, látigos y otras armas rudimentarias.
Los periodistas negaron ser subversivos, sin embargo, los comuneros no creían en ello, más aún cuando Jorge Sedano abrió su maletín y los comuneros notaron una franela roja (que el periodista usaba para envolver habitualmente sus equipos fotográficos).
Fue cuando empezó la masacre a los periodistas por parte de los lugareños, quienes les arrojaban piedras y pateaban hasta matarlos, además de buscar al guía Argumedo y matar a Severino Morales días después por ser testigo de los hechos, acusándolo de cómplice.
Sentencia y CVR
El 9 de marzo de 1987 el Tribunal Especial emite sentencia condenando a Dionisio Morales Pérez, Mariano Ccasani Gonzáles y Simeón Auccatoma Quispe por el delito de homicidio simple sentenciándolos a 10, 8 y 6 años de reclusión, respectivamente.
El informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación fue duramente criticado. Muchos críticos dijeron que el escritor narró los hechos como si fuera una de sus novelas, además del hecho que sólo visitaron un par de veces la provincia ayacuchana, ninguno de los encargados de la Comisión Investigadora sabía el idioma quechua y que muchos antropólogos defendieron la idea que los comuneros no eran como Vargas Llosa los describía.
La Marina dijo “De aquí en adelante, ningún representante del Estado vendrá a pie, sólo en helicóptero. Aterrizarán aquí y ustedes harán señas quemando pajas y se reunirán, si viniese alguien a pie, aunque sea de parte nuestra, los atacan con ceniza, los matan” Fue esa orden que confundió a la población y por error asesinaron a los periodistas, no fue a propósito. – Paulino Figueroa Cunto .
Ha habido numerosas muertes y desapariciones de testigos de la masacre, por lo que concluye que cualquiera de los que presenciaron los hechos y decidían reabrir el caso tendría la muerte segura, como ocurrió con el fiscal a cargo del caso abierto contra los asesinos de los periodistas en Uchuraccay.
Algunos autores consideran que no se le dio importancia al caso debido a que si hubiese habido mayor presencia policial en Uchuraccay el día que llegaron los periodistas, su muerte pudo haber sido evitada, además de la pérdida de archivos luego de la masacre.



