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Un carnaval para la historia | Editorial

La lluvia le quitó, al sábado de carnaval, el sabor de años anteriores, cuando entraba en Ño Carnavalón encabezando el corso de las reinas del carnaval y las comparsas, principalmente institucionales, para dar lectura a su proclama, disponiendo que nada estaba prohibido.

Pero el domingo la población tomó las calles de la ciudad. Y fue para bien que el alcalde dispusiera que ninguna comparsa ingresara a la Plaza Mayor, porque la fiesta del carnaval que se caracteriza por ser el desorden organizado, dejó de lado esa presencia casi militarizada, a la que se había convertido el desfile de las comparsas.

Hasta nantes de la pandemia, todo estaba reglamentado en carnaval. La distancia entre comparsa y comparsa, el tiempo que deberían permanecer frente al estrado para la calificación de los jurados, los pasos que deberían dar las danzantes y las canciones del carnaval.

Ya no era ese carnaval bullicioso de años anteriores al conflicto armado interno, cuando junto a las comparsas huamanguinas aparecían en una esquina de la plaza mayor una masa de jóvenes universitarios que sin la vestimenta típica, pero derrochando alegría, se mezclaban con quienes mantenían las tradiciones casi intactas.

La recuperación en gran parte de la antigua tradición del carnaval, al que se le agregó un mayor colorido, cuando se reemplazó a las enaguas blancas con las faldas de diversos colores, fue importante porque las fiestas se convirtieron en otro atractivo turístico para Huamanga.

La tarea, de hoy para adelante, en base a las experiencias, es como unir el orden que se consiguió en años anteriores, con la espontaneidad que han demostrado muchos jóvenes en estos carnavales que hoy celebra su ultimo día.

No se trata de convertir a las fiestas del carnaval ayacuchano, que bien merecido tiene el calificativo de Patrimonio Cultural de la Nación, en un desorden total, pero tampoco puede seguirse manteniendo esa presentación de las comparsas, que convierte el paseo en una suerte de desfile casi militar.

Mantener esa imagen ordenada de las comparsas, pero dejar que también los otros, los que no forman parte de las comparsas, puedan disfrutar de estas fiestas, es una tarea pendiente. Es más, como incorporar a los visitantes en las fiestas de carnaval y hacerlos danzar al ritmo de la música del carnaval ayacuchano.

 

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