a los peruanos, indistintamente etnia, credo, procedencia. Salvo quizás, como una excepción, ese 1% de los peruanos a quienes la COVID les permitió grandes utilidades.
Las noticias nos indican que no salgamos a las calles porque están robando en las esquinas, que no permitamos que nadie se nos acerque y finalmente tratemos como apestados a todo aquel que nos parezca “un delincuente”, especialmente si tiene facciones andinas o extranjeras.
Eso dicen los medios nacionales y ninguno recuerda que estamos en Navidad, salvo para mostrarnos en sus páginas la publicidad de licores, panetones, chocolates, pavos y demás bocados que forman parte de la “tradicional” mesa de navidad en el Perú.
Don Leoncio Jerí Untiveros, que escribía con el seudónimo de Lefrigecio en varios medios escritos de Ayacucho y ejerció el periodismo hasta los 90 años, en esas largas conversaciones a las que estaba acostumbrado, rememoraba como era la Navidad cuando él era niño.
Decía que en Huamanga -casi nunca utilizaba la palabra Ayacucho para referirse a la ciudad- ya se había perdido el espíritu de la navidad huamanguina y que todo se debía a como habían influido las costumbres que trajeron los estudiantes foráneos que llegaron a estudiar en la reabierta universidad en 1959.
La navidad se pasaba en familia. A las 12 de la noche, antes de servirse el mondongo que se había preparado, las familias iban a la Misa del Gallo al templo más cercano. Ahí nos deseábamos la Feliz Navidad, se cantaban los villancicos y se adoraba al niño que acababa de nacer.
Los regalos, que recibían los niños que tenían recursos, eran generalmente hechos de madera: camioncitos para hombrecitos y muñecas confeccionadas por las costureras rellenas de algodón para las niñas.
Pero, lo que más recordaba Don Leoncio, era que, en todas las familias, el centro de la atención era el nacimiento. Ahí estaba el niño, en un pesebre de paja, si la familia era de escasos recursos. Otras familias tenían al niño recién nacido no en un pesebre sino en una “cuna de oro”.
Y vale rememorar a don Leoncio Jerí Untiveros, porque hoy la navidad tiene cada vez menos de huamanguina y es cada vez más norteamericana. En lugar del nacimiento está el árbol de pino, propio de los bosques boreales. Es la fiesta de santa Claus que llega con regalos y no el nacimiento de Jesús.
Y nadie prepara mondongo y por el contrario se hornea el pavo, se toma chocolate caliente y panetón. ¿Y los villancicos peruanos? Olvídense. Hoy cantamos blanca navidad, porque las calles y los techos de la ciudad, en nuestra imaginación, están cubiertos de nieve.



