Esa confianza ciega en el caudillismo ultra nacionalista con mano dura que hace presagiar un gobierno autoritario que recorte las libertades y garantías ciudadanas y por tanto intolerante a la oposición como son los dictadores nos lleve a una persecución de quienes opinemos en contra de su proyecto político.
Los electores en momentos de gran inestabilidad apostamos por la seguridad y el orden, aun cuando ello implique sacrificar nuestra libertad a fin de garantizar nuestra subsistencia, y cansados del sistema democrático que es manipulado por los grupos de poder económico, nos jugamos la suerte en un líder antisistema.
Antauro Humala capitaliza todo el hartazgo y cansancio de la gente de los representantes que solo velan por sus intereses y que no defienden el bienestar general.
Sin embargo, peligrosamente podríamos estar orillándonos al Fascismo del siglo XXI, donde el Estado no está al servicio del ciudadano, sino el ciudadano está al servicio del Estado, y este lo controla todo, desde lo que está permitido pensar hasta si somos útiles en función de lo que necesita la organización estatal de nosotros.
Cuando vemos la popularidad espontanea que genera Antauro Humala al salir de prisión no puede dejar de recordar a Adolf Hitler al salir de su reclusión de la cárcel de Landsberg en 1924. Fue un hecho que lo catapulto a la fama, tras el fallido golpe de Estado en Munich y que luego lo convirtió en una figura pública que movilizando a sus camisas pardas logro tomar el poder de Alemania solo 9 años después en 1933.
Los hermanos Humala, han estudiado muy bien la historia nacional y universal, y saben que hay una natural tendencia del hombre de adherirse a los actos de rebeldía del poder de turno, es una efervescencia de valentía que no todos estamos dispuestos a realizar pero si aplaudir, entonces desde Sánchez Cerró hasta Velazco Alvarado, recibieron el apoyo popular por su levantamiento contra el poder herido de un cáncer moral.
El levantamiento de Locumba el 29 de octubre de 2000 y el Andahuaylazo en enero del 2005, fueron parte de la estrategia para darse a conocer a la opinión pública y con ello iniciar su carrera política bajo la bandera de un nacionalismo militarista.
Muchas cosas en el partido Etnocacerista nos hace recordar a los inicios del partido Nazi en Alemania, que tenía una base popular en ex combatientes de la primera guerra mundial que desempleados, defraudados y sin esperanza de un futuro mejor, abrazaron las banderas del fascismo en las filas de los camisas pardas o SA al mando de Ernest Rohm que fuera la fuerza de choque del partido en sus inicios y a quien se le encargaba los actos de contención, violencia y sabotaje.
Por último, sus propios simpatizantes no comprenden que es la ideología del Etnocacerismo, ¿cómo se define?, ¿dónde se ubica?: en la derecha conservadora de los militares, la izquierda progresista o el centro demócrata, y cuál es su programa político y económico más allá de la pregona de refundar la Republica para lograr el desarrollo social de millones de peruanos que quieren principalmente oportunidades para salir adelante, dejando atrás a la exclusión o la pobreza como estigma social o sentencia de muerte por falta de servicios de salud o subempleo por las deficiencias de la educación pública.
Bien haría el señor Humala con deslindar de estas coincidencias con el fascismo y comunicar de forma efectiva sin demagogia cuál es su programa político.



