Y como tales se comportaron, y si la colonia española tenía temor a los descendientes del Tawantinsuyo, especialmente luego de las rebeliones de Juan Santos Atahualpa que logró expulsar a los españoles de la selva central, y de Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, la situación de los indios fue peor.
Por eso, desde el inicio de la república, los indios o indígenas fueron tratados como extraños en sus propias tierras, que se las arrebataron, desconociendo en muchos casos los títulos de que le fueron otorgados por el Rey de España cuando se fundaron los pueblos de indios y demarcaban su territorio.
Tal es así que en la primera Constitución se declara como idioma oficial del Perú el castellano que lo hablaban menos de 100 mil habitantes del Perú, especialmente criollos y españoles y se dejó -y prohibió- el quechua en todo acto oficial, que hablaba el 90% de la población.
Fue con la reforma agraria que la población peruana quechua y aymara fue liberada del yanaconaje y la servidumbre, y por primera vez se reconoció a los pueblos nativos como parte del país. Pero, recién fueron ciudadanos en 1980, 159 años después de la independencia, cuando se les dio el voto a los analfabetos. Por coincidencia, eran los indios y las indias la mayoría de los analfabetos en el Perú.
Hoy, estos 200 años se celebran con un presidente que desciende, pese a sus apellidos españoles, de esa matriz andina: los quechuas y aymaras que no sólo poblaron la sierra, sino crearon grandes culturas en la costa, pese a que muchos costeños se avergüenzan de tener sangre indígena.
Pedro Castillo es por su origen, una reivindicación a ese pueblo indígena que le negaron durante la mayor parte de la república sus derechos a la ciudadanía. Fueron siervos en las haciendas, explotados por gamonales, que hoy claman y condenan la reforma agraria que le devolvió la dignidad a los quechuas, aymaras y las comunidades nativas.
De Castillo esperamos que sea un gobierno de todas las sangres como aspiraba José María Arguedas. Recordemos a César Vallejo con ese verso “cómo dueles Perú” y digamos como alegras Perú pensando en la sociedad que podamos construir a partir de este bicentenario
Tenemos la oportunidad de construir un nuevo Perú. Inclusivo, donde las murallas que nos aíslan se rompan y fluya entre todos nosotros ese único sentimiento de pertenecer a uno de los países más diversos del planeta, y que esa diversidad, sea nuestra gran riqueza.



