Algunos poderes del Estado y algunos partidos políticos por momentos buscan ignorar que tenemos ese nivel de entendimiento. Porque ahí participan el Estado, a través del presidente de la república y los representadas de todos los partidos políticos que tienen congresistas.
A ellos se suman los gremios que reúnen a los empresarios, los que defienden los intereses laborales de los trabajadores, las iglesias, tanto la católica como las evangélicas y las instituciones de la sociedad civil.
Este es un espacio importante al que debería recurrir el presidente Pedro Castillo. El Acuerdo Nacional tiene diseñadas las Políticas de Estado que deben realizarse en el país con un horizonte de 50 años. Una parte de estas estaban previstas para alcanzarlas con el bicentenario de la independencia nacional y muchas de ellas se han cumplido.
La necesidad del consenso es cada vez más acuciante en el Perú. Si desde la extrema derecha y la extrema izquierda se pone por delante la confrontación, es momento de que las fuerzas que defienden la democracia, y es más, buscan fortalecerla en su verdadera esencia, deberían apostar por el consenso.
Nos referimos, claro está, al centro derecha y al centro izquierda. Los partidos que en el lenguaje de las décadas pasadas del siglo XX serían los liberales y los reformistas.
Fueron los reformistas, la socialdemocracia, los que construyeron en Europa a la sociedad del bienestar y los liberales los que impulsaron en gran parte las libertades de opinión, a la que siempre se opusieron las derechas conservadoras de América Latina y Europa.
Los extremistas -algunos les llaman los radicales- de extrema derecha y de extrema izquierda, odian los consensos porque no creen en la democracia. Ellos buscan las dictaduras y la persecución a los que piensan diferente a ellos.
Y ahora los tenemos redivivos en el Perú, en la extrema derecha una descendiente de los japoneses que se siente conquistadora española y un ex almirante que firmó su carta de sujeción a Vladimiro Montesinos, un traidor a la patria, agente de la CIA, que vendió secretos militares cuando gobernaba el Perú el general Juan Velasco Alvarado.
Y en el otro extremo, un despistado político que sigue pensando que el presidente Pedro Castillo fue elegido porque todos los peruanos estaban de acuerdo con su programa de gobierno, y se niega a reconocer que se votó por Castillo porque muchos peruanos han hecho suya la consigna “Fujimori Nunca Más”.



