Existen movimientos que son en realidad, como los partidos políticos, vientres de alquiler, que se oferta al mejor postor en la campaña electoral, cuando no se lanza el dueño de la membresía, y se conforman las listas husmeando a ciertos sectores que atraen votos, porque el clientelismo político es más que evidente.
Estos nuevos mistis, tienen el mismo comportamiento de los antiguos caciques provinciales, muchos de ellos típicos gamonales, dueños de haciendas, no interesa el tamaño, sino el sistema de servidumbre que imponían a sus yanaconas y pongos.
La reforma agraria, el aumento de la oferta educativa, ha permitido que muchos de los hijos o nietos de los antiguos pongos o yanaconas, en un proceso de movilización social, se hayan desplazado hacia los sectores superiores, y hoy, sobre la base del dinero bien o mal habido, forman movimientos, que como decimos son simples membresías electorales.
Lo más llamativo de estas organizaciones regionales o locales, es que todas se presentan como movimientos no políticos, sino técnicos, que no van a gobernar la región, la provincia o el distrito, sino van a gerenciar el desarrollo.
Este es el vacío que permite realizar el clientelismo político y obtener recursos, aparte de los propios, de las donaciones de propietarios de empresas constructoras, distribuidoras de distinto rubro, que ganaran en las cotizaciones de precios o en las licitaciones, una vez obtenido el triunfo a nivel regional.
Bajo este paraguas de la membresía electoral, se blanquea en muchos casos el dinero de actividades ilegales, como el narcotráfico, la minería ilegal, la tala ilegal y la trata de personas, con distintos fines.
Los ciudadanos deben volver a interesarse por la política, entendida esta, como el debate de ideas, propuestas y planes de gobierno. Todo esto se expresa a través de una ideología, que tiene necesariamente una connotación filosófica, económica y social.
Ese cuento del fin de las ideologías es lo que ha devenido en que los ciudadanos votan en base a criterio de diversa naturaleza, y terminan decepcionados, porque no es el voto consciente de ciudadanos, sino de rebaños manipulados por la antipolítica.
El resultado es que tenemos 20 partidos políticos, a los que se suman los movimientos regionales, todos ellos compitiendo en las elecciones regionales y municipales. Esto sólo puede funcionar en un país que se encuentra en una grave crisis de institucionalidad política.



