La tradición europea, en los años oscuros de la santa Inquisición, obligó a los carnavaleros ponerse máscaras para no ser reconocidos, tradición que perdura en el carnaval. Como el concurso de máscaras y que es famoso el los carnavales de Rio de Janeiro y de Venecia.
En barril del amontillado, Edgar Alan Poe describe brevemente, como todos iban disfrazados, por lo que aprovecha uno de los personajes, para llevar a su enemigo, y terminar asesinándolo lapidándolo en un sótano, donde estaban los toneles de vino amontillado.
Pero volvamos al Perú, u más precisamente a la ciudad de Huamanga. Durante la dictadura militar, los carnavaleros salían a las calles y cantaban, “esta democracia es una desgracia, hasta los cachacos ahora nos gobiernan”, y otras canciones contra el gobierno militar, que no le dio importancia a estas irreverencias de los carnavales.
Muchos recuerdan que, en 1993, meses después de la captura de Abimael Guzmán, un grupo de jóvenes de San Juan salieron a la calle disfrazados durante los carnavales. Estaba el jefe del comando militar, abrazado del presidente “Gonzalo” con su traje a rayas, abrazado del arzobispo de Huamanga y este abrazando a la madre Covadonga. La voz cantante, era Vladimiro Montesinos.
Los cinco “personajes demostraban que estaban ebrios como los “ampuchas”. Ningún policía los intervino y no impidieron que ingresen a la mayor porque entendieron que era una sátira al “endiosado” dirigente senderista, presentándolo como un borrachín en los carnavales.
La situación actual del país, en medio de una crisis que no tiene un final a la vista, es sumamente grava- Muchos sociólogos, historiadores y politólogos, señalan que estamos en un momento de quiebre, que es el fin de una época, de un ciclo y que este obedece a una profunda recomposición en el Perú post pandemia.
Es por tanto, las canciones un reflejo del espíritu de los huamanguinos, que todavía buscan justicia por las muertes ocurridas el 15 de diciembre y que señalan como la responsable a la presidenta Dina Boluarte. Es un sentimiento, es una sensación de injusticia que se expresa en las letras de las canciones.



