La inundación de varias viviendas en los asentamientos humanos periféricos, especialmente de las ubicados en los causes de quebradas y en laderas de los cerros que rodean la ciudad, es una señal de alerta que debe que tomarse en cuenta, ahora que las lluvias pueden aumentar en frecuencia e intensidad.
Por eso, declarar en alerta la ciudad, es una responsabilidad de la municipalidad provincial y de los distritos en el ámbito territorial de su competencia y pasa por el empadronamiento de las familias que ocupan zonas críticas, con la finalidad de tomar las medidas para evitar daños materiales y pérdidas humanas.
Las torrenteras son impredecibles en su frecuencia e intensidad, y la fuerza de la naturaleza puede derribar muros, inundar viviendas y destruir cultivos, afectando la economía de los pobladores que viven en estas zonas periféricas de alto riesgo.
¿Cuáles son estas zonas? Por simple intuición se considera los terrenos que se han “ganado” a los antiguos huaycos que existían en la ciudad antes de la década del sesenta. Los huaycos han sido “nivelados” con materiales de construcción, cascajo, desechos y tierra al final, lo que no es ninguna garantía de seguridad futura.
Muchas de las viviendas en la ladera del cerro La Picota, que se inicia en algunas zonas a la altura del jirón Libertad, están sobre torrenteras tapadas. Tener un registro de estas viviendas es importante, no sólo por los huaycos, sino también por los sismos.
Otra zona crítica son las laderas de Ñahuimpuquio, en los límites entre los distritos de san Juan y Carmen Alto. Una torrentera hace un par de años inundo viviendas. Desconocemos los resultados de las medidas adoptadas por la municipalidad de San Juan.
Y finalmente la zona baja de la ciudad, donde se encuentran las viviendas construidas en las quebradas, como es el caso de Wishccana, en las orillas de los ríos Alameda, Huatatas, y Chacco que, si bien todavía se considera parte del ámbito rural, es cada vez mayor el número de viviendas y de familias que viven en esos parajes, pero trabajan en Ayacucho.
La ciudad ha crecido, y por necesidad, muchas familias ocupan zonas hacia donde se expande la ciudad, sin una previa calificación de los organismos competentes de la municipalidad de Huamanga y de los distritos urbanos. Lo que se ha construido en las laderas, especialmente La Picota, no se puede revertir, pero si proponer una política pública que evite nuevas invasiones o venta de terrenos en zonas no aptas para constituir centros urbanos.



