Con más de cuatro décadas de trayectoria en la dirección cinematográfica, César Galindo ha construido una carrera excepcionalmente rica y diversa, marcada por su inquebrantable pasión por el cine y un profundo compromiso con la cultura quechua.
A pesar de tener una formación académica en arquitectura y un doctorado en Urbanismo en una universidad de París, su verdadero sueño siempre fue hacer cine. Nacido en una familia de clase media emergente, hablar de cine con sus padres parecía un proyecto inalcanzable.
“Para mis padres, ser director de cine era una idea absurda”, recuerda Galindo.
Sin embargo, la vida le brindó una oportunidad inesperada durante su estancia en París, donde, mientras realizaba su doctorado, comenzó a explorar el mundo del cine. Iniciando con una grabadora y un micrófono, Galindo se lanzó al mundo cinematográfico, comenzando como sonidista y ofreciendo sus servicios casi de manera gratuita para ganar experiencia y establecer contactos. Esta estrategia lo llevó a conocer a Plinio Mendoza, amigo cercano de Gabriel García Márquez, lo que le permitió trabajar en un programa de entrevistas junto a estas figuras literarias.
Una de las sorpresas más gratificantes de su carrera llegó cuando conoció al director estadounidense Joseph Losey, quien lo invitó a colaborar en su película “La Truite” (La trucha), un film francés protagonizado por Isabelle Huppert, Jean-Pierre Cassel y Jeanne Moreau. Esta experiencia como asistente de sonido en un entorno profesional le permitió aprender de primera mano el funcionamiento de una producción cinematográfica de alto calibre.
Después de su estancia en Francia, Galindo se trasladó a Suecia, donde se dedicó a la realización de cortos experimentales y documentales. Durante varios años, sus obras fueron emitidas en la televisión sueca, pero su mayor sueño siempre fue hacer una película en quechua.
“El día en que vea en una pantalla de cine una película enteramente en quechua, ese día ya hice uno de mis sueños”, afirma.
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Este anhelo se materializó en su corto “5 minutos por los muertos de América” (1992), una obra que protesta contra el descubrimiento de América y reivindica la importancia de las culturas indígenas. Galindo destaca que su experiencia como inmigrante le permitió comprender la importancia de la identidad cultural. A través de su trabajo cinematográfico, ha buscado reivindicar el quechua, un idioma que considera fundamental para la identidad de su pueblo. “Willaq Pirqa” y su reciente película “Killapa Wawan” son testimonio de su dedicación a la preservación y promoción de la cultura quechua.
“Killapa Wawan” es una película que aborda el desafío de una niña que quiere convertirse en danzante de tijeras, enfrentando barreras de género dentro de su comunidad. Galindo eligió rodar la película en Huanta, debido a que siempre quiso hacer una película en Ayacucho por su vínculo personal con la región a través de sus padres originarios de Puquio.
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A pesar de las críticas que ha recibido su obra, Galindo considera que el debate es un avance positivo, puesto que cree que las culturas indígenas tienen el derecho de expresarse en sus propios idiomas y que es fundamental impulsar su difusión para enriquecer la diversidad cultural global. Según él, la falta de interés político y de recursos para promover el quechua es un obstáculo que debe ser superado para permitir que estas culturas florezcan.
“Considero que los pueblos tenemos derecho a expresarnos en nuestro idioma, tenemos derecho a ser como somos”, afirma.
En su carrera, César Galindo ha demostrado que el cine no solo es una forma de arte, sino también una herramienta poderosa para la reivindicación cultural y la promoción de la identidad. Su legado es un testimonio del impacto que puede tener la pasión y el compromiso en el mundo del cine y la cultura.
“Considero que los pueblos tenemos derechos a expresarnos en nuestro idioma, tenemos derecho a ser como somos”, finalizó.



