Isaac Bigio | Desde Londres, UK
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Sheinbaum es la cara opuesta del sionismo. Mientras ella reivindica su patria natal (México) y no cambia su apellido, varios de los gobernantes israelíes han buscado demarcarse de sus apellidos y patrias originarias. Los dos primeros ministros que más han gobernado Israel son tanto el primero como el último en ocupar tal cargo. David Ben-Gurion y Netanyahu tienen sus raíces en Polonia, el primero con el apellido Grün y el segundo con el de Mileikowsky.
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Sheinbaum gusta de vestirse con ropas indígenas y abrazar a las poblaciones originarias, pero los actuales mandatarios sionistas desprecian y reprimen a los nativos de su país que durante la mayor parte de los últimos tres milenios se ha denominado Palestina.
Yigael Glückstein, un judío de origen polaco nacido en Jerusalén en 1917, quien fundaría luego el principal partido británico promotor de las multitudinarias marchas pro-Palestina que se han dado en Londres (todas con cientos de miles de manifestantes), cuestionaba la forma en la cual siempre el sionismo segregaba a los residentes originarios de Palestina. No les dejaban entrar a sus centros laborales, educativos o agrícolas y se buscaba privilegiar a la mano de obra judía llegada de Europa y a sus productos, por encima de la local.
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Glückstein, al igual que Mordejai Anilevich (el más heroico luchador militar judío del último siglo, quien a sus 23 años, lideró la rebelión del gueto de Varsovia 1943, en la cual hambrientos yiddish se enfrentaron con armas rudimentarias al mayor ejército del mundo, el alemán) y el Mapam (principal partido opositor que tuvo Israel al momento de fundarse en 1948) proponían una democracia igualitaria pluri-nacional, multi-confesional y pluri-étnica entre el río Jordán y el mar Mediterráneo.
Empero, Ben-Gurion se negó a readmitir al recientemente creado Israel a los 750,000 pobladores originarios que fueron echados de sus tierras, pues no quería que ellos sean la mayoría del nuevo Estado. Hoy, el actual gobierno organiza mayores matanzas y ha logrado que haya 2 millones de gazatíes desplazados.
Mientras Sheinbaum con políticas inclusivas es la judía más votada de la humanidad, Netanyahu es el primer gobernante israelí requerido por la Corte Penal Internacional. Gaza, un territorio 5 veces más chico que Lima metropolitana, ha sido bombardeada 5 veces más que Hiroshima. Pese a que ya son 9 meses de tanta masacre, Netanyahu no puede vencer esta guerra. Lo único que está ganando es lograr el apoyo de los ultraderechistas europeos, cuyas raíces provienen de las fuerzas que apoyaron a Hitler hace 80 años.
En Latinoamérica está el único presidente palestino de un Estado soberano (el salvadoreño Nayib Bukele), que es proisraelí, y también esta nueva presidenta judeo-mexicana que es propalestina. Esta contradicción se debe a que el primero, al igual que la derecha dura global, admira el desprecio a los derechos humanos de Netanyahu, mientras que la segunda busca un mundo menos desigual.
Al margen de las críticas que se puedan hacer a Sheinbaum, ella representa un modelo para los judíos del mundo que ansían democracia, progreso, igualdad y convivencia. Ultraderechistas como los de Netanyahu son idolatrados por los antisemitas y ponen en riesgo a todos los israelitas.



