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¿Será posible una reconciliación política? | Opinión

Mario Cueto | Opinión de miércoles
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Con los resultados a punto de ser, legal y formalmente reconocidos por el JNE, el inquilino de Palacio de Gobierno a partir del 28 de julio, debe estar dedicado, con su equipo técnico y de apoyo, a trazar los lineamientos de una gestión, que no debe defraudar las expectativas, a pesar de las diferencias políticas, reconociendo e interpretando el sentir popular, expresado en las urnas; a sabiendas de que, los votos obtenidos en 2da vuelta, fueron coyunturales, volátiles; consecuencia del conjunto de estigmatizaciones, que no representan el verdadero caudal electoral de ninguno de los dos finalistas, y cuyo único referente, real, es el que obtuvieron en primera vuelta.

Habemus mandatario | Opinión

Keiko acumula nueve millones, con electores de otras tiendas políticas y por la campaña de “miedo” al comunismo, al terrorismo y, los votos de Sánchez, del ambiente anti Keiko. Es decir, de confirmarse el triunfo ajustado de Keiko, su verdadero caudal político y electoral, es de unos 3 millones, mientras que el de Sánchez supera los dos millones, por lo mismo, tendremos un gobierno sin la legitimidad necesaria, teniendo en cuenta que la población nacional es de 34 millones; la electoral 27 millones, habiendo acudido a votar, 20 millones, es decir; ninguno de los dos, considere que cuenta con real apoyo popular.

El proceso electoral, ha generado una polarización, una división, aparentemente irreconciliable y que hace daño a nuestra democracia, es decir, la radicalización, la división del país en dos frentes, debe ser superada con sentido crítico, constructivo y las estigmatizaciones que se han dado, especialmente contra los electores del centro sur, demuestran que no se conoce el verdadero rostro del país ni del término griego, “ethos”, que significa costumbre, hábito o carácter, por el que, el elector, especialmente andino, imbuido de ese ethos social y político, que arrastra a lo largo de la historia, con la serie de decepciones, marginaciones, exclusiones, abandono y estigmatizaciones; los ha acumulado en la memoria personal y colectiva, definiendo su carácter e identidad, como secuela, de la sucesión de injusticias, matanzas, falta de reparaciones, que ha mantenido a los pueblos, sumidos en pobreza y extrema pobreza, con creciente anemia y desnutrición, abandono de la salud y educación.

Finalmente, el gobierno, ejecutivo y legislativo, deben comprender, que las leyes que promulguen, no alcanzarán su verdadera grandeza, como lo dijo el Papa León XIV, por el mero hecho de set formalmente aprobada; “la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”. Si es así, todos, con sentido crítico, ejerzamos nuestros deberes y exijamos respeto a nuestros derechos, a pensar crítica y constructivamente, sin permitir que otros piensen y decidan por nosotros; respetando al que piensa diferente, para así, ser partícipes y actores directos, con la necesaria autoridad ética, para demandar a que los gobernantes, asuman sus responsabilidades de servir al pueblo, con trasparencia, concertando posiciones, en aras a los intereses que contribuyan al desarrollo sostenido del país.

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