Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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El balance político del 2025 no deja dudas: asistimos a la restauración en las “alturas”, de un proyecto de extrema derecha Mercantilista, Autoritario y Conservador, MAC, así la denominó la liberal de derecha, Rosa María Palacios. Y que el otro liberal de derecha, Juan Carlos Tafur, la llamó la “Derecha, Bruta y Achorada”, DBA. Proyecto que tendría algunas bases populares fujimoristas, entre otros partidos de la extrema derecha.
Restauración de un pensamiento monárquico-gamonal, que desarrolla un capitalismo mercantilista; de privilegios y prebendas para unos cuantos, opuesto al ideal liberal de libre competencia y meritocrático. Evidencias. El fujimorista Chlimper, logró para él y su collera de agroexportadores, que el Estado los subsidié con 20 mil millones de soles. Para la agricultura familiar: cero.
Este capitalismo mercantilista logra que algunos sectores económicos ganen por sus conexiones con el poder político. El mercado se otorga autoritariamente, como lo hacían los monarcas, pues el Estado es un botín, no un ente regulador neutral. Es la mentalidad autoritaria y corrupta del “gamonal”, donde pocos son “dueños” y controlan los recursos, los hombres y la ley, y no hay ciudadanos sino súbditos.
El Congreso produce leyes para sus intereses, con anuencia y complicidad del Tribunal Constitucional —que ha validado la ley de la impunidad—, del Defensor del Pueblo, del poder Ejecutivo con Jerí y antes con Boluarte, de la Junta Nacional de Justicia que no acata disposiciones del poder judicial, y que este no protesta. Sin equilibrio de poderes, no hay democracia liberal.
Esta DBA, MAC, racista y excluyente, restauró la cultura política que creímos superada: la monárquica-gamonal, donde la ley no es para todos, sino el látigo contra vasallos, súbditos y siervos rebeldes. La destitución de la Fiscal de la Nación, Delia Espinoza, es un punto de inflexión. Sin pruebas, con inventos y por el pánico de ser investigados, la mayoría parlamentaria la inhabilitó usando su poder democrático, como escudo de impunidad. El crimen y la corrupción encontraron amparo legal.
Esa mentalidad señorial se encarna hoy grotescamente en la congresista de izquierda “cortaúñas”, en pleno siglo XXI, que trata a sus trabajadores como siervos de una hacienda decimonónica, obligándolos a realizar tareas domésticas y de aseo personal. Resucita el servilismo que la revolución de Velasco, desde las alturas del poder y dictatorialmente, intentó aniquilar en 1969. Hoy está vigente en el corazón del Estado.
CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
De cara a las elecciones 2026, hay un bloque monárquico-gamonal antidemocrático, que da leyes autoritariamente a favor de la impunidad y el privilegio, es decir, de la corrupción. En el otro bloque hay ciudadanos que buscan una Revolución Democrática Liberal, de igualdad y respeto a la ley, de meritocracia, de instituciones sólidas y autónomas del poder político y económico. De capitalismo competitivo e inclusivo.
Los líderes políticos no avizoran ese escenario. Pero las masas democráticas reflexionan, padecen y actúan sabiamente en esa atmósfera. Carlos Espá parecía liberal, democrático, pero incorporó al congresista de la DBA, el MAC Jorge Montoya, que tiene genes dictatoriales, a su lista al Senado. El rechazo democrático fue inmediato. No se consultó, se impuso. No era un demócrata, era un autoritario.
Montoya rechazó a quienes protestaban acusándolos de terroristas. Defendió el gobierno de Boluarte que asesinó impunemente a 49 personas, todas inocentes de terrorismo, muchas sin vínculos con las protestas y que solo buscaban ayudar. Todas demócratas. Espá, para sus bases, pasó de demócrata, liberal a conservador, autoritario, racista, mercantilista. La herencia colonial pesó mucho más que la ideología liberal.
REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA DESDE ABAJO
El espíritu revolucionario democrático popular eligió a Pedro Castillo en primera vuelta, en el 2021, con el 19%. El ciudadano, excluido, marginado, terruqueado, puso, por primera vez en la historia, un presidente. El 2026 será el campo de batalla entre ese conservadurismo excluyente, resucitado en las alturas por una casta autoritaria, y una mayoría ciudadana democrática liberal, capitalista inclusiva, con desarrollo humano para todos, sin racismo, ni servilismo, ni patrones. ¿Quién representará y encarnará políticamente a esta mayoría dispersa, inconexa, acéfala?



