Las condiciones en la que conmemoramos el 1 de Mayo, tienen características que las difieren de las celebraciones en años anteriores, especialmente desde que las Naciones Unidas y en especial la Organización Internacional del Trabajo lo instituyó como el Dia del Trabajo.
Vivimos en uno de esos momentos, en que las contradicciones se agudizan, y el poder del imperio se siente amenazado y recurre a medidas que pone en riesgo la soberanía de las naciones, que se ha expresado en tres momentos: la violenta limpieza étnica de Gaza -que no se puede denominar guerra, cuando sólo hay un agresor-: la invasión, bombardeo de Caracas y secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, violando el derecho internacional; y, el ataque de EEUU e Israel a Irán, la actual guerra asimétrica que ha generado el alza del petróleo en el mundo.
Se ha fortalecido la extrema derecha internacional -en Europa, Estados Unidos y América Latina- y este avance muestra sus éxitos en las elecciones de varios países: Estados Unidos, con el gobierno de Donald Trump; y triunfo de la derecha en Italia, Alemania y Hungría. En España, se fortalece el anticomunismo visceral de Vox y del Partido Popular.
En nuestro continente, en los últimos procesos han triunfado candidatos de extrema derecha, con actitudes y mensajes fascistas: Santiago Peña Palacios, en Paraguay; Daniel Noboa, en Ecuador; Javier Milei, en Argentina; Rodrigo Paz Pereira; y, José Antonio Kast, en Chile. Todos ellos, admiradores de Donald Trump.
La derecha conservadora intentará ganar las elecciones en el Perú, Colombia y Brasil. Cuentan con el apoyo de las iglesias evangélicas cristianas, convertidas en una fuerza política dogmática, contraria a la sociedad del bienestar al que califican de “comunista”.
En este contexto, que se celebra el 1 de Mayo: amenazas del uso de armas atómicas contra Irán, para -en palabras de Donald Trump y Benjamín Netanyahu- destruir completamente esa civilización y hacerla retroceder a la edad de piedra, declaraciones que ha condenado hasta el papa León XIV.
Las “denuncias” de fraude en las elecciones de parte del candidato Rafael López Aliaga, busca enturbiar este proceso, basándose algunas irregularidades muy puntuales, magnificadas por el grupo el Comercio y otros medios nacionales.
Simultáneamente, la campaña de satanizar al candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, presentando sus propuestas como sinónimo de pobreza, miseria y poniendo al actual modelo, como el único capaz de llevar al país al desarrollo.
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