Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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Tras 96 años de la muerte de José Carlos Mariátegui-JCM, y pese al vasto océano de estudios e interpretaciones de su obra, no existe un consenso sobre qué es el mariateguismo. Quizá la anchura y hondura de su pensamiento impida una versión definitiva. O quizá ese vacío es una lección, pues nadie mejor que él para desechar un mariateguismo dogmático, estático, de frases hechas.
Por ello, el auténtico mariateguismo no es sólo recordar sus postulados, sino seguir su método, que consistía -quizá allí hay más unidad- en partir de la realidad concreta y evaluarla a la luz del marxismo y de otras corrientes intelectuales. Y hacerlo colectiva y participativamente. Allí descubriremos si su pensamiento, analítico, dinámico y combativo, sigue siendo una brújula útil.
Actualmente la contradicción principal de nuestra sociedad no es la lucha de clases, no es que no exista, sino, autoritarismo versus democracia. Esta pugna vive en el gobierno y en el espíritu social, y en la última década, el autoritarismo copó el 60% de las instituciones autónomas, ante la impotencia de una sociedad democrática que no ha podido frenarlo.
Mariátegui hizo su trabajo ideológico y político en un clima y régimen autoritario similar (el de Leguía) y con una oligarquía terrateniente que se oponía al cambio y la transformación. Así, tras ser encarcelado en 1927, en 1928 creó el Partido Socialista-PS, y en 1929 la Central General de Trabajadores del Perú. Su reacción a la represión no fue asaltar el poder, aislarse o replegarse.
Una clave del pensamiento mariateguista fue su capacidad de mirar lejos, pero desde una realidad iluminada -para ser transformada- por el mito revolucionario socialista. No se trataba sólo de resolver la inmediatez de las contradicciones políticas y sociales. El instante del cambio, las etapas del proceso, debían estar impregnadas por la trascendencia del mito socialista.
Además, JCM revaloraba la sensibilidad humana. Un artista podía estar en el mundo oligárquico y no ser socialista, pero se unía por su sensibilidad humana. De allí su amistad con el poeta José María Eguren. Su espíritu tenía fe en lo humano, más allá de ideologías. No era determinista, y, por tanto, el arte podría ser revolucionario por su imaginación, creatividad, humanidad.
Su opción socialista le daba sentido a su vida. Y la palabra sentido tenía tres acepciones. 1. Como orientador vital. 2. Como plenitud del ser. 3. Como sentimiento útil tras asumir solidariamente la vida. Por eso Amauta fue un foro humano de debate intelectual, artístico, espiritual de marxistas hasta poetas como Eguren, ajenos a la política, pero amantes del arte.
Revolución no era un asalto intempestivo, impetuoso, sangriento, sino un cambio de mentalidad y de percepción de la realidad. Su marxismo era una brújula para la acción, no para la imposición. Así, el PS nació primero para reivindicar demandas económicas concretas del campesinado, proletariado y clases medias, pues sabía que esos sectores luchaban por esas exigencias.
Además, Mariátegui fue un empresario. La revista Amauta vivía de sus ingresos, de la publicidad, del mercado. Y creó la imprenta Minerva, que sustentó económicamente a su familia tras su muerte. Pero acumular recursos era para ponerlos al servicio de crear el socialismo. Idea parecida hoy al modelo chino: prosperidad para todos y no riqueza para pocos.
Así, el mariateguismo es un esfuerzo por elevarse intelectual y espiritualmente sobre las limitaciones de la realidad, por convencer con argumentos y honestidad intelectual, por lograr conquistar primero la hegemonía en el corazón, la memoria, la identidad colectiva. Luego no habrá oposición sólida a los cambios, porque serán asumidos por la mayoría.
Mariateguismo es el método humano, creativo, abierto al diálogo, hostil al dogmatismo y comprometido con la transformación de una realidad que, en su esencia autoritaria, sigue siendo similar a la que él enfrentó. Ese mariateguismo es rebeldía contra la inercia autoritaria, y la apuesta por un socialismo constructor, esperanzador, creador.
Mariateguismo, más que teoría fría, es espíritu fraterno. Es una fuerza que entra en la realidad para transformarla. Y por ser vida y espíritu no es una fórmula, sino método abierto al mundo de las contingencias, pero con una orientación. Al igual que marxismo fue para JCM espíritu y guía, eso es para nosotros el mariateguismo.
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