Esto obligó al gobierno a dar unan segunda cuarentena para frenar la ola de contagios, ahora con las variantes inglesa, sudafricana y brasileña. Pero, si en la primera ola hubo recursos para dar bonos y apoyar con víveres a las poblaciones mas vulnerables, ahora esto escasea.
Las manifestaciones contra la cuarentena, incluyendo las declaraciones de un impresentable congresista por Ayacucho, afirmando que la “cuarentena es un genocidio” han debilitado al gobierno nacional y este ha decidido levantar la cuarentena. Algunos han calificado esta decisión como “un sálvese quien pueda”.
Y así está la situación. El lunes y martes de esta semana, los dos primeros días sin cuarentena, hemos vuelto a la vieja normalidad, es decir al caos: no has respeto al distanciamiento social, los pasajeros de los vehículos de transporte urbano sin protectores faciales e incluso dentro de la combi se saca la mascarilla “porque es incomoda” y contagian a todo el que está cerca.
En los mercados nadie respeta. Ni los comerciantes, muchos de ellos sin mascarilla, y menos las madres de familia que van con sus hijos a las compras y se abren paso a empujones como en los viejos tiempos de hace un año. El caos, como nos gusta vivir, ha vuelto con fuerza.
Esperemos en medio de este caos la llega de una “tercera ola” y como vamos, quizás la cuarta y hasta la quinta ola, con más contagiados y por supuesto, más muertos.
Es que esta es nuestra cultura fatalista, de culpar a los dioses de nuestras desgracias. Lo dijo una señora sin mascarilla en un mercado, “que tanto cuidado, si es mi hora, con Covid o sin Covid me moriré”.
Decir “si es mi hora, moriré” es culpar a los dioses que manejan el destino. Desde una cultura racional, el cuidado es fundamental, para que las epidemias, que no son “castigos divinos”, no generen dolor y muerte.
Así que, si alguien no se cuida, será porque quiere morir. El problema es que mientras camina sin mascarilla y no respeta el distanciamiento social, está contagiando a otras personas, que no quieren morir.
Cuidemos nuestra vida y la vida de las otras personas. Eso ahora depende de todos nosotros.



