Se recibió el 28 de julio con la juramentación del profesor Pedro Castillo Terrones como el Presidente que inauguró los 200 años de vida republicana.
Hay de por medio un gran desafío para un nuevo mandatario como es Pedro Castillo Terrones quien deberá enfrentar no solo la crisis sanitaria y económica, sino el impacto de la intensa y sistemática campaña de desinformación impulsada por la excandidata a la presidencia Keiko Fujimori y sus aliados políticos quienes ya anunciaron que serán el “muro de contención” frente a la anunciada nueva Constitución Política que será consultada mediante referéndum al pueblo.
En su mensaje a la nación anunció nuevas medidas y cambios despejando aquello de que se venía el “comunismo” para arrebatar la propiedad privada, nada más falso. Fue desmentido en su mensaje dado en el Congreso de la República.
Los siguientes meses serán fundamentales en la gestión de Castillo, en un contexto en el que hay serias dudas sobre sus planes económicos de gobierno y con la sombra de algunas voces autoritarias en el liderazgo del partido que lo llevó al gobierno, con poco tiempo para una transferencia regular y un gabinete que se habría conformado en medio de discrepancias (será que nuevamente lleve al fracaso a un partido de gobierno que dice ser de izquierda) es la pregunta del millón. De ser así sería la primera patinada de Castillo, quien estaría siendo presionado por el “dueño” de Perú Libre, Cerrones a fin de que designe en puestos claves a sus allegados. Este personaje que dice ser del pueblo, visita un restaurante de primera para ofrecer un almuerzo a Evo Morales(sic).
Desde el Parlamento diversas bancadas ya le han declarado su férrea oposición. Se especula que el mandatario Castillo tendrá poco margen de maniobra política. Ahí están Las primeras palabras de la nueva presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, del partido conservador Acción Popular, han sido de respeto a las competencias del Ejecutivo, aunque enfatizó que el Gobierno deberá hacer lo mismo. “¿Defenderemos el fuero parlamentario”, como una advertencia? O será el primer anuncio el maltrato que recibió el ex presidente Francisco Sagasti (acusado de haber apoyado -dicen- a Castillo) a quien no se le permitió el ingreso al Congreso para la entrega protocolar de la Banda Presidencial (¿venganza política a uno del partido morado?). SE dice que Fuerza Popular ejercerá maniobras siendo parte de la Mesa Directiva del Legislativo a fin de asfixiar al flamante gobierno.
Lo que el señor Castillo Terrones no debe olvidar es que llegamos al Bicentenario enfrentando la pandemia del covid19, que ha confirmado una vez más que el derecho a la salud es un privilegio y negocio de los corruptos que siguen llenándose de dinero. Cerca de 200 mil compatriotas han fallecido. Esta dramática e indignante situación no debe volver a repetirse, ahora que se anuncia una probable tercera ola.
En los últimos meses hemos presenciado expresiones de discriminación racial, social, por origen o por ideas políticas. En un país multicultural (como señala Amnistía Internacional) esta situación podría fortalecer la falsa premisa de que algunas personas tienen más derechos que otras. No podemos negar que llegamos al Bicentenario con una herida abierta, con una retórica de odio en medio dejado por el proceso electoral.
Hay una gran deuda social y esa delicada responsabilidad la tiene el nuevo gobierno liderado por el profesor Pedro Castillo. La historia le está dando la gran oportunidad de ser un presidente campesino que por primera vez (lo dijo textualmente) llega a gobernar el país para refundar, atendiendo la salud, educación, generando oportunidades de trabajo, enfrentando a todo tipo de corrupción, no a la explotación. Se espera que tenga en agenda de trabajo que se requiere una sociedad más justa y equitativa con pleno respeto a los derechos humanos. Quienes le dieron su apoyo para llegar a donde está esperan con esperanza ese cambio del país tantas veces anunciada durante su campaña electoral y que la oficializó al dirigirse al país en el Parlamento. El pueblo tiene derecho de estar vigilante a las promesas.



