La compra mundial de tierras, se debe a una consecuencia de la combinación de la liberalización de los mercados, el auge de inversiones extranjeras directas y los avances de las tecnologías de comunicación y transporte.
La oferta de tierras se ha encontrado con una demanda también en aumento, esta no involucra solamente a personas ricas de Estados Unidos o de Europa sino también hay organismos no gubernamentales (ONG) que desean invertir en reservas naturales, compañías que buscan tierras para cultivar biocombustible y gobiernos que buscan tierras baratas para satisfacer las necesidades alimenticias de sus pobladores.
Por ejemplo. La familia Benetton es dueña de un millón de ha.(hectáreas) en la Patagonia Argentina. La demanda de cultivos para biocombustible como caña de azúcar en el Brasil, palma de aceite en Malasia e Indonesia, y piñón en el Ecuador; está en aumento. El cultivo de alimentos baratos también está en crecimiento, entre 2008 y 2009 una compañía surcoreana firmó un contrato por 99 años con el gobierno de Madagascar para producir alimentos y palma africana- para ser exportados a Corea- en un área de 1.3 millones de ha.
El turismo también tiene muchas implicancias, tal es así que en países como Costa Rica, el 80% de las playas están en manos de inversionistas extranjeros. Así mismo, se ha incrementado la compra de tierras en las llamadas regiones “vacías” por organizaciones internacionales de conservación de la naturaleza y millonarios con intereses similares. Doug Tompkins, fundador de la Compañía Esprit, adquirió más de 300 mil ha. en los bosques del Sur de Chile. Otras motivaciones en la compra de tierras es la creación de zonas económicas especiales, obras de infraestructura a gran escala y extensiones urbanas, y las compras como consecuencia del cambio climático, principalmente por países islas, como es el caso de las Islas Maldivas que “están separando fondos para comprar tierras nuevas, ya que las islas desaparecerán en el mar.”
La concentración de tierras en Honduras es preocupante; el 3% de los propietarios controla el 70% de las tierras arables, y que la mayoría de estas tierras han sido compradas por grandes terratenientes y transnacionales que quieren sembrar caña de azúcar para producir etanol. En Bolivia, las cosas no están nada buenas, los latifundios acaparan más de 30 millones de ha. Hay latifundios que superan las 200 mil ha. El latifundio se ha convertido en una forma legal de ejercer dominio territorial y control político. En el Perú, las grandes extensiones de tierras están controladas por grupos económicos poderosos, como el Grupo Gloria 63mil 735 ha; Grupo Oviedo 20mil 770 ha; Grupo Wong 17mil 134 ha; la agroexportadora Camposol con más de 9 mil ha. sólo en Chavimochic, Región La Libertad; Grupo Romero con más de 20 mil ha. en la Región San Martín. Son algunos de los neolatifundios peruanos.
Ocurre que la tierra y el territorio son un recurso de la sociedad, sea esta peruana, boliviana, hondureña, etc. y no una mercancía como cualquier otra, la tierra no es un automóvil, ni mucho menos una computadora o un par de zapatillas. Por eso es necesario colocar esta compra de extensiones enormes de tierras en la agenda internacional o en todo caso al menos en la agenda nacional y regional e imponer reglas a la operación del mercado tanto en la oferta y demanda de este recurso. Implementar además, un seguimiento a estas compras que nos permitan visualizar mejor las consecuencias de las mismas; ya que la información sobre la transferencia de tierras es mucho más limitada. Nos encontramos ante un problema de tenencia de la tierra que es necesario abordarlo apropiadamente.



