Sin ninguna muestra de respeto a los familiares de las víctimas de la represión policial y militar, y amenazando con responder con los mismos métodos de los meses de diciembre, enero y febrero, a los que han convocado a la gran marcha nacional y paro de 24 horas, denominada la Toma de Lima, la presidenta Dina Boluarte, señaló a los manifestantes, “portar sus banderas de guerra” para “tomar Lima” y desde ahí “todo el país.
Utilizando un discurso semejante a los que justificaron las masacres de Ayacucho y Juliaca, dijo que los que se manifiestan pidiendo su renuncia y nuevas elecciones, están contra la democracia, y que el gobierno no lo va a permitir, y para ello, están las fuerzas del orden.
Calificar a las organizaciones sociales, federaciones y sindicatos de trabajadores, como personas que buscan generar la anarquía y el caos, y que impiden el progreso del país, y que no entiende que es lo que demanda, es señalar a los que marchen como delincuentes o vándalos, como han señalado sus ministros.
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Además, su discurso inconsistente, muchas veces divagando en temas ajenos a la situación autoritaria que vive el país, como su llamado a los “hermanos y hermanas” a no caer en los llamados de agendas políticas, en un momento, de crisis política, como la que vive el país, donde se ha impuesto una dictadura congresal, que califica existe un sector fascista que califica de terroristas a todos los que no piensan como ellos.
Una de las personas que ha decidido marchar, es la abogada y periodista Rosa María Palacios, a quien de ninguna manera se le puede considerar como una anarquista, vandálica o delincuente. Sólo una mentalidad cercana al fascismo, o ya fascista, puede utilizar esta descalificación para sus opositores.
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Es que, quienes tienen una mentalidad autoritaria, todos los que discrepan con sus medidas políticas son sus enemigos, todos los que no piensan como ellos, son delincuentes. Por eso a ellos, hay que perseguirlos, encarcelarlos o mejor, matarlos.
Sólo en esta lógica podemos entender porque, hasta el momento, no haya tenido un gesto de pedir perdón a los familiares de quienes perdieron a sus esposos, hijos, hermanos o padres, en los luctuosos sucesos del 15 de diciembre en Ayacucho y el 9 de enero en Juliaca, aparte de Andahuaylas, Abancay y Cuzco.
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No sorprende por eso la preocupación de organismos internacionales sobre lo que sucede en el Perú, donde la democracia si está en peligro, pero no por las movilizaciones, sino por la existencia de un gobierno y un congreso, que en complicidad con otros poderes y organismos del estado, están imponiendo un autoritarismo, contrario a los principios básicos de la democracia.
Porque, a diferencia de lo que señala la señora presidenta, los que estamos contra su gobierno, buscamos, por el contrario, recuperar la democracia, como sucedió en la marcha de 1977: recuperar a la democracia.



