Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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Niñuchas: Hoy quiero empezar saludando a los integrantes de la Asociación de Escritores de Ayacucho, AEDA, que el 8 de mayo cumplieron 27 años de existencia. Esta columna también es de ustedes, queridos amigos y amigas; pueden enviar sus textos literarios infantiles. Hago un llamado a la DREA para que convoque a los escritores para ver en forma conjunta, a cómo podemos apoyar para impulsar la Comprensión Lectora y estar en el Plan Lector de cada escuela. Y ahora, seguimos con la 2da. parte del cuento UN CUENTO DE AMISTAD, ENTRE DOS CHIQUILLOS: UN PAR DE CALZONCILLOS, extraído del libro LA BELLA DULIA…
Era cierto, pero agudizando más los oídos, se dieron cuenta que se trataba de un calzoncito que lloraba.
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– ¡Se trata de una pequeñita- dijo el calzoncillo morado.
-¡Pobrecita, está solita, al menos yo te tengo a ti, amigo!- dijo el calzoncillo amarillo.
– ¿Y, qué podemos hacer para ayudarle?
– Por ahora, nada, ya se nos ocurrirá algo.
Y así pasaron días y días y días; y por fin, llegó la navidad y luego llegó el inicio de otro nuevo año, y con eso, se le ocurrió al señor de la casa hacer una limpieza total de la casa; sacó la bolsa inmensa que acogía a bolsas más pequeñas para llevar basura; y quedó sorprendido, al ver una bolsita negra que era donde estaban estos dos amigos.
– Ah caray, ¿y cómo están aquí, estos dos calzoncillos?, ¡están sucios, pero aún están nuevos y sirven!
Y de inmediato, procedió a juntarlos con otros calzoncillos y en una tina, los lavó a todos.
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Solo nosotros sabemos que aquel día los dos calzoncillos estaban felices como dos chiquillos traviesos, nadaban sobre aguas frescas; y por otra parte, unos grititos como de diablitos diminutos o monstritos chiquitititos: “¡Ahhh ahhh…!”, se escucharon en la tina. Era que los microorganismos agonizaban y después, morían y unos cuantos sobrevivían escapándose por las cañerías. Sí, porque es muy difícil que mueran todos de una sola lavada, ¿verdad?
¿Y el calzoncito?, ¿Qué y cómo hacer para ayudarla?… esto era la preocupación ahora de los calzoncillos, que seguían escuchando los débiles quejidos:
– ¡Ay de mí… nadie se acuerda de mí…, en este lugar oscuro me asustan a cada rato las arañas… andan sobre mí las hormigas… el polvo ya me tiene más que asustada horrorizada, ay de mí, nadie se acuerda de mí…!
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Una noche en que los que vivían en esa casa dormían, los dos calzoncillos que también dormían en un ropero, despertaron y se les ocurrió llamar a una pelota quien era la que salía por esos días con el niño de la casa: “Psssttt… pelota… psssttt… pelotaaa…”. Y cuando ella despertó, le explicaron la penosa situación en que vivía el calzoncito.
– Ya comprendí amigos, mañana mismo ayudaré a esa criatura.
Al día siguiente, ocurrió que cuando regresó del parque, el niño con la pelota, al momento de querer guardarla en un cajón, se escabulló de las manos y huyó hacia debajo de la cama indicada. El niño, al querer jalar con un palo de madera, su pelota; jaló hacia él, algo para el extraño. Al cogerlo en las manos, exclamó:
– ¡Mamá, el calzón de mi hermana está aquííí…!
Y claro, la sacaron toda sucia, con abundante polvo y un poquito de telarañas.
-Ya tenemos que botarla a la basura, hija.
-¡No – replicó la niña- este calzoncito con dibujitos de los angry bird, es mi favorito; estaba perdido y yo lo voy a lavar!
Días después la señora buscando algo que ponerse, exclamó:
– ¡Esta prenda está gastada, de tanto lavar está descolorida, ya no me sirve!
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Y la fina y coqueta blusa blanca, en una bolsa negra, desapareció en la noche, en un camión de basura; y su “¡chusma, chusma…!”, en la casa, ¡ya nunca se volvió a escuchar!
Y colorín colorado, este cuento de amistad entre dos chiquillos, un par de calzoncillos, ha terminado… ¡perfumado!
-HIJ@, DI GARCILASO.
-GARCILASO.
-¿ME DAS UN ABRAZO?
Ediciones Fabulinka: ¡Sólo libros con humor y amor! trabaja con mis libros y voy a tu escuela a brindar un Espectáculo de Animación Lectora.



