InicioEDITORIALEn homenaje a los mártires de Uchuraccay | Editorial

En homenaje a los mártires de Uchuraccay | Editorial

Por supuesto, que los actores de estas agresiones son diferentes, y las agresiones a las víctimas –los periodistas- obedecen a razones distintas.

En el primer caso, los periodistas son agredidos por la policía, porque les resulta incomodo ver que se toman fotos de los actos que cometen. Y hay testimonios de este proceder, como ha denunciado el corresponsal de la agencia EFE de España.

El señaló, que un policía le dijo, luego de que se identificó como periodista, que si no se iba le iba a meter un tiro en la cabeza. No le disparó en la cabeza, pero si en la pierna.

El objetivo era claro: no querían periodistas que tomen fotos de lo que iba a suceder en el aeropuerto de Juliaca, y lo consiguieron, porque los periodistas enviados especiales de agencias internacionales, abandonaron el lugar, llevaron al compañero herido al hospital y enrumbaron a Lima.

Pero no sólo en Juliaca la policía ha visto en los periodistas a sus enemigos. Así, a los periodistas que llegaron a Lima de diversos medios de provincias, especialmente de la región Puno, los detuvieron y acusaron de terroristas, pese a que se identificaron.

Al igual que las otras 193 personas capturadas en el asalto a la Universidad de San Marcos, fueron vejados, arrojados al suelo con la cara frente al piso, enmarrocados, y llevados a la sede de la Dincote. Fue necesaria la intervención de la presidente Zuliana Laynes de la Asociación Nacional de Periodistas, para que los pongan en libertad, 36 horas después de su arbitraria detención.

En la noche del 24, dos periodistas, uno enviado especial de la agencia Reuters y otro enviado especial de la agencia AFP, fueron heridas con perdigones mientras cubrían las informaciones de la movilización en el centro de Lima. Los periodistas tenían sus chalecos que los identificaban como prensa.

Pero también han sido víctimas de agresiones verbales y en algunos casos han sufrido agresiones físicas, los reporteros de los diarios y canales de televisión y emisoras locales. Lamentablemente, los que soportan la furia de los manifestantes por las declaraciones de los conductores de los medios corporativos y concentrados, no son los conductores, directores y menos los propietarios, sino reporteros de calle.

Esto deben entenderlo los manifestantes, que los periodistas de calle cubren las informaciones tan como suceden y son los conductores los que manipulan la información, la tergiversan y las consecuencias las pagan los que están en el campo.

En Ayacucho, el periodista Cirilo Oré Enríquez, corresponsal del diario Expreso, fue asesinado por un comando de aniquilamiento de sendero luminoso, en represalia por los términos que utilizaba el diario Expreso de Lima, pero que figuraba como si así lo hubiera escrito Cirilo Oré. Es que son los corresponsables en unos casos o los reporteros de calle, los que sufren las agresiones o insultos de la población, cuando notan que lo que informan los grandes diarios, especialmente de la prensa concentrada, no se ajustan a la verdad.

II

Han pasado 40 años de la tragedia, y no han cambiado las relaciones entre el periodismo y las fuerzas del orden, y entre el periodismo y la población, aun cuando, ahora, en los medios digitales, los periodistas pueden ser agredidos continuamente y hasta amenazados, especialmente si hacen periodismo independiente en las redes sociales.

La búsqueda de la verdad es cada vez menor, porque los grandes medios pertenecen a conglomerados mediáticos, que controlan la prensa escrita, la televisión y la radio, y por supuesto, también el internet y todo aquello que está ligado al campo de la informática: buscadores, redes sociales, sistemas de comunicación, entre otros.

Los periodistas que viajaron a Uchuraccay, cuyo valor crece en la medida que pasa el tiempo y se moderniza el periodismo, pertenecen a la generación de los que cumplían con la tarea de ir a la fuente de la noticia, a pie, y así lo hicieron, y en el trayecto, llegaron a Uchuraccay, una comunidad que estaba en estado de shock, porque habían sido amenazados por sendero luminoso, y en una visita del ejército les instruyeron que a los que vengan a pie los detienen porque son “terrucos”.

La muerte de los periodistas, conmocionó al mundo. Fueron encarcelados 3 campesinos indígenas quechuas que no sabían hablar español, sólo conocían el quechua. Nunca se habló de hacerle un juicio al presidente Fernando Belaunde Terry por haber felicitado a los campesinos de Huaychao por haber dado muerte a 7 senderistas, es decir, haber cometido un ajusticiamiento extrajudicial.

Ni tampoco se conoció, porque nunca se pidió el informe, del oficial que viajo a Uchuraccay y ordenó a los campesinos que detengan e incluso eliminen –es decir, den muerte a los que venían por tierra. Tanto Belaunde, como este oficial, resultan como autores mediatos de este asesinato, donde murieron 8 periodistas, cuyo nombre siempre estará presente en la memoria de los peruanos:

Eduardo De la Piniella (periodista de El Diario de Marka)

Pedro Sánchez (periodista de El Diario de Marka)

Félix Gavilán (periodista corresponsal de El Diario de Marka)

Willy Retto (periodista de El Observador)

Jorge Luis Mendívil (periodista de El Observador)

Jorge Sedano (periodista de La República)

Amador García (periodista del semanario Oiga)

Octavio Infante (periodista de Noticias de Ayacucho)

Diario Jornada
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