Estamos a corto tiempo de las elecciones generales del 2021 (11 de abril) para elegir a un nuevo mandatario y congresistas. Es verdad que la campaña no es como tiempo atrás, está por demás decir que la pandemia del covid 19 cambió todo. Observamos un escenario que no imaginábamos, pero si nos trajo cantidad de candidatos con “deseos” de llegar a la Casa de Pizarro para salvar al país y sacarnos del hoyo. La pandemia también ha desnudado a los políticos o denominados como la clase política. Rostros conocidos en su mayoría siguen mostrando al país lo que son, el verbo de siempre, el populismo, generar millones de empleo, lucha total contra la corrupción, nuevo sistema de salud y educación, nueva Constitución Política, traer el 29 de julio de inmediato las vacunas para todos los peruanos sin distinción, nueva Constitución Política (dicen madre de los problemas) El mismo discurso, pero esta vez con mascarilla.
Las encuestas (que tienen mirada propia) muestran al menos una probable verdad que más de un 30 a 40 por ciento no desean saber nada con los políticos y candidatos, “porque todos son los mismo”, señalan como ejemplo la corruptela de la “vacuna gate”.
Y en Ayacucho el termómetro político indica una pobreza en cuanto a candidatos con desconocida trayectoria, salvo la profesional, amical o familiar (una que otra excepción) pero no logran empatía con el electorado. Se repetirá la misma historia con quienes fueron elegidos para el actual Congreso? En entrevistas a través de los medios de comunicación local la mayor parte de los candidatos muestran una preocupante ignorancia de la realidad, no hay mínimo concepto de lo que es el ABC de la geopolítica o de la Ciencia Política o Politología (que todo candidato debe saber), porque ello permite como toda ciencia social estudiar la teoría y práctica de la política, los sistemas y los comportamientos políticos en la sociedad a partir de la observación de los hechos de la realidad que en estos tiempos es bastante dura y dolorosa. Es imprescindible conocerla que la mayoría no tiene ni son de ella. Ayacucho requiere hoy en día un gran liderazgo con un abanico de elementos que sean las columnas que sostengan y den la
suficiente fuerza moral para combatir la corrupción encaminando una educación de valores y adecuada salud física y mental complementada con alimentación y trabajo digno.
La versión de que la sociedad no cree en los políticos, en los partidos y en la política en general es palpable. Tiene la sensación de que votar no repercute en sus intereses, en sus ideas o en su concepto de la vida pública.
La participación alta se produce cuando se tiene confianza en la política, se participa en un debate de ideas, se percibe que la pugna política revierte en el interés general de las gentes. Pero cada proceso electoral muestra más y más candidatos como en botica. Llegaremos a una madurez y sensata política algún día?. Tendrá el electorado en algún momento la ocasión de ser testigos de debates alturados de connotación ética y pedagógica como décadas atrás?. Los debates en el Congreso de políticos cuajados y con ideología propia y no como los llamados “invitados” por no decir “aventureros de la política” que muestran papelones al llegar al hemiciclo?
Hay una percepción de que los políticos no dicen la verdad, esconden hechos importantes, se interesan más por el poder que por el servicio a sus votantes y a la sociedad en general.
Se percibe la complicidad entre la clase política y un sector de los medios de comunicación. Tanto con periodistas en concreto como con las empresas propietarias de los diarios, emisoras de radio, televisión, etc.
Se ha dejado de dar paso a la democracia de opinión sea de derecha o de izquierda. La polarización sigue en pie no para defender el interés mayoritario sino de grupos principalmente de poder económico. De pronto en medio de la pandemia con tantas muertes y contagio, prevalece lo mío o lo tuyo, conseguir el poder y mantenerlo. Hace buen rato que el Bien Común importa un pepino. Esa es nuestra miseria humana en la política peruana.



