La presencia de los turistas en los barrios tradicionales de artesanos, como Santa Ana y en los campos feriales y tiendas que venden artesanía, es la mejor demostración que necesitamos del turismo para que los artesanos tengan los ingresos que requieren para el sustento de sus familias.
Los hoteles copados en el 100% de sus habitaciones es también otro importante indicador, ya que estos negocios fueron los más perjudicados durante los años de la pandemia y tenían que asumir créditos del sector financiero.
Ver a los restaurantes con todas sus mesas copadas e incluso a personas esperando que una se desocupe, fue alentador. Es más, de acuerdo a las informaciones de los que atendieron, los visitantes pidieron platos típicos de nuestra gastronomía y muchos pidieron, por ejemplo, papas nativas de la región.
Numerosos grupos tomaron posesión de los miradores para contemplar a vuelo de pájaro una vista panorámica de la ciudad. Estuvieron en los miradores de Acuchimay y la Picota y no faltaron los que fueron a la parte más alta del Campanayocc, desde contemplaron la ciudad y en el horizonte la Pampa de Ayacucho, Quinua, Wari y Huanta.
La Semana Santa ha significado, para la economía regional, un evento importante. No sólo las actividades ligadas al turismo se han beneficiado, sino también la imagen de toda la ciudad, por la forma como se acogió a los visitantes y el estado de la ciudad, especialmente del centro histórico.
Hubo problemas como siempre, pero esos son los imprevistos que siempre suceden con grandes aglomeraciones humanas, como son las procesiones de Semana Santa. No faltaron las denuncias de robos y grescas, estas últimas a consecuencia del consumo de alcohol.
El transporte urbano fue otro factor que desmejoró la imagen de la ciudad. Las quejas no fue el precio, abusivo que cobraron muchos taxistas, sino el maltrato a los usuarios.
Para haberse reabierto la Semana Santa después de tres años. No hubo semana Santa el 2019, el 2020 y el 2021, que este año lo hayamos podido vivir, ha sido una gran alegría para los ayacuchanos, que se identifican con estas celebraciones religiosas.



