La procesión del Encuentro ha dejado un mensaje imperecedero: la madre no abandona a su hijo, especialmente cuando este se encuentra en las peores situaciones, como era la situación de Jesús Hombre, obligado a cargar la pesada cruz por las calles de Jerusalén, rumbo al Gólgota, donde fue crucificado.
No se limitó a ver a su hijo sufriendo la tortura impuesta, y mientras sus apóstoles se escondían, negaban conocerlo -uno de ellos, Judas lo traicionó y entrego a sus captores- María madre, siguió a su hijo hasta la cima del monte del Calvario, donde sería crucificado.
https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webppadre-perdonalos-porque-no-saben-lo-que-hacen-editorial/
El amor de las madres para con sus hijos está plasmado en esta escena que recoge la Semana Santa y que, en la historia de la humanidad, la participación de las madres, más propiamente de las mujeres, fundamental para el logro de mejores condiciones de vida, en la lucha diaria para defender la vida de sus hijos.
Es cierto que esta vocación de las madres, de estar al lado de sus hijos en los momentos más difíciles de sus vidas, pero las mujeres-madres, también lo han estado en los grandes momentos ha vivido la humanidad, pero su rol ha sido invisibilizado, y sólo aparecen como protagonistas de la historia humana los varones, y excepcionalmente alguna que otra mujer, como heroínas, pero por debajo de los varones.
María, la madre de Jesús, es por eso un símbolo del amor maternal que se prolonga más allá de la infancia, y llega a los hijos hasta el último momento de su existencia. La noche del miércoles, en Huamanga, la recreación en la procesión de los iconos de Jesús el Nazareno, recorriendo las calles de Huamanga, y su encuentro con su hijo, es el momento supremo del amor de María Madre a Jesús Hijo.
https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webpjesus-el-nazareno-vive-aun-para-los-no-creyentes/
¿En los tiempos modernos, no nos recuerda este drama humano a las Madres de Mayo, de la Argentina, bajo la dictadura sanguinaria de Rafael Videla, en la década de los setenta? ¿O las madres de Anfasef, en su diario recorrido, buscando a sus hijos desaparecidos en las quebradas, barrancos e incluso en los basurales, en la década de los 80’?
¿Y no viven ese drama diario, las madres de Gaza que sufren la muerte de sus hijos, mutilados, destrozados por las bombas que lanza la aviación y la artillería israelí contra sus viviendas? ¿No sufrieron acaso ese drama las madres de Irak, Afganistán y otros países del medio oriente, invadidos por la OTAN liderada por Estados Unidos?.



