Son diversas preguntas, y para mí es la esperanza, una esperanza de coyuntura (mal inicio para un historiador. Debemos desconfiar de las coyunturas, del momento). Pero qué importa y déjenme imaginar las posibilidades, además, siempre el historiador ha tenido el temor de flirtear con el futuro, por eso no nos toman en serio, ni los políticos, ni las otras ciencias afines. Pero, hay algo que posibilita imaginar en el caso chileno, pues se votó por una nueva constitución, y que la carta magna lo redactará una asamblea constituyente (exactamente ciento cincuenta personalidades). Además, se añade otro factor, la mayoría de los chilenos votantes harán todo lo posible para que la constitución sea lo más progresista posible (esta última afirmación también es una esperanza de un historiador que se siente más afín al futuro que al pasado. Además, qué sentido tuvo tanto caos social).
A partir de todo lo dicho, me imagino que la nueva constitución será un detonante en el terreno latinoamericano. Salpicará a todos, sin excepción, pero aún no sé hasta dónde llegará el impacto, esperemos que su radio sea lo más grande posible. Pero seamos imaginativo y realistas a su vez. La nueva constitución chilena fortalecerá las políticas del MAS en Bolivia. Arce y compañía se sentirán más legitimado, y con una buena alternancia de líderes, veo al MAS con mucha vida política que el Frente Amplio en el Perú. Y eso será intolerable para muchas regiones bolivianas como Santa Cruz ¿Se balcanizará Bolivia? Ni hablar de Camacho, será todo un cruzado salido del medioevo para blandir su espada a la indiada Coya.
La nueva constitución también llegará a México. Las políticas populistas de AMLO se verán respaldada por una ola progresista (este sentir, también es una esperanza de un terco historiador). Y quizás el presidente mexicano pretenda hacer algunas reformas “estructurales”. Pero los impactos más notorios es donde las papas del neoliberalismo queman al rojo vivo: Perú, Colombia y Brasil. Aquí no hay pitoniso que valga, son regiones donde las desigualdades son profundas e insostenibles. En estas regiones el neoliberalismo se regodea con sus elites que las sostienen, las respaldan y las legitiman. Imagínate que los migrantes venezolanos salen despavoridos de Colombia por el nivel de explotación que ahí impera. En Brasil veremos la convivencia más cercana entre lo más opulento y lo más miserable. En Río de Janeiro hay una relación casi salvaje entre los condominios y las favelas.
Creo que en mi país (me refiero al Perú) se necesitará mucho esfuerzo para forma una suerte “Neo Cuatro Suyos” para presionar la redacción de una nueva constitución. Será una inmensa plataforma política de progresistas, populistas e izquierdas. No me imagino a los morados apoyando este proyecto (son zorros vestido de ovejas moradas). Tampoco veo a Acción Popular, aunque hay un sector progresista, pero no tienen decisiones en situaciones importantes como esta. Ni hablar de PPC, el keikismo y del partido innombrable de Hernando De Soto y los otros partidos pro empresariales.
Me imagino, de aquí a un año, la constitución chilena será vital para limitar ese capitalismo salvaje que maltrata a los pensionistas, al empleado, al obrero y al falso emprendedor que trabajar como un esclavo moderno, creyendo que uno se ve realizarse cuando están prendidos en el Meet y el Zoom.



