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“No politizar la política” | Editorial

Como el repetidor del “doctor” César Acuña -el de la tesis plagiada- su discípulo y caro amigos Wilfredo Oscorima, gusta repetir sandeces, como “no politizar la política”, cuando justamente, es la política es la ciencia más importante, la ciencia suprema lo definía Aristóteles, porque tiene como fin el bien más alto que persigue el hombre: la justicia y el bienestar general. Todas las otras ciencias, ayudan a alcanzar este objetivo.

Hay que aclarar, que no es el primero en hacer una declaración estúpida, porque desde el discurso neoliberal, ha surgido una supuesta “clase política” quesería la única con capacidad de entender y por tanto, ejercer el gobierno en sus diferentes niveles.

En base a la existencia de esta “clase política”, la afirmación de Oscorima de “no politizar la política”, siendo torpe, se explica porque esta supuesta “clase política no quiere que los ciudadanos hablen de política, que piensen, que cuestionen las acciones de gobiernos corruptos.

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Quieren, como afirman Chomsky y Ramonet, que todos sean un “rebaño domesticado”, a la que se le administre a través de los medios noticias de la farándula, deportes y cuando se trata de política, entrevistas frívolas como la de Milagros Leiva al presidente interino José Jerí, para vergüenza del periodismo peruano.

Como medio, asumimos en estos momentos de crisis sistémica del Perú, la obligación de redimir el concepto de Política, así con mayúscula, porque estamos frente a una ciencia cuyas decisiones no comprometen solo a quien las toma o a su pequeño entorno, sino que afecta, negativa o positivamente a toda la sociedad.

Siguiendo a Aristóteles -le recomendamos, aunque es inútil, que el señor gobernador lea y entienda lo que dice este filósofo griego- esta noble actividad permite organizar a los hombres para que vivan bajo reglas y objetivos colectivos, promoviendo la virtud, la justicia y la felicidad, a la que deben aspirar todos los ciudadanos y no solo para una parte.

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Pero la política también puede ser lo contrario: una ciencia pervertida, como lo está en el Perú en todos los niveles -desde el gobierno nacional, hasta los gobiernos locales pasando por los regionales- y que, en lugar de gobernar para el bien común, se limiten a dar leyes para permitir el saqueo del estado por el grupo que se apodera del poder para beneficio propio.

Y acá encontramos a otro pensador clásico cuando se habla de política: Maquiavelo. Demonizado por una frase que no dijo, pero que es el resumen de su obra: el fin justifica los medios.

Para Maquiavelo la política tiene como fin supremo alcanzar el poder, y en ese sentido, su seguidor más conocido en nuestro país, aunque lo consideran marxista es Abimael Guzmán, cuya frase “Salvo el poder todo es ilusión”, parece sacada del Príncipe, la obra magistral de Maquiavelo.

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El señor gobernador para no seguir diciendo sandeces como “no politizar la política”, debe recordar -si por ahí alguien le mencionó, que Jean-Jacques Rousseau, más conocido sólo como Rousseau, es autor de un libro de fácil lectura: el contrato social, donde la política es la acción colectiva de todos los ciudadanos, a través de sus representantes, quienes firman “un contrato social” que es Constitución sobre la que funciona la sociedad. Todos los ciudadanos son actores políticos. En otras palabras, todos hablan de política, porque ejercen sus derechos políticos.

Entienda gobernador de Ayacucho, que no es posible despolitizar la política, porque la política es inherente a la vida en sociedad y a la toma de decisiones colectivas. Que la mafia controle el congreso y gobiernos regionales y locales, pervirtiendo la política, se expresa en una politización – es decir el uso siniestro de otros poderes, como la justicia- hacer de la impunidad la norma, liberando a corruptos, a cambio de sobornos o prebendas. Sólo en estos casos, es necesario garantizar la independencia política, justamente de estas instancias, para que, ejerciendo la política en función del bien común, se enfrente a la corrupción que ha destruido ética y moralmente a la república peruana.

Finalmente, Wilfredo Oscorima debe entender que esa frase de “despolitizar la política” es, en sí misma, una postura política.

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