como católico, mi fe se basa en el amor de Dios al mundo y a nosotros sus hijos. Recibí este dogma de mi abuela, la Sra. Olga Amorós, mi segunda madre, muchos la conocieron, fue una mujer pía, justa, generosa, fuerte y con una devoción por hacer el bien que significó un ejemplo vivo para mí.
De ella aprendí a entender que el amor no tiene límites, que cuando das tu palabra la cumples y que nuestra misión en la tierra está en dar lo mejor de nosotros al mundo, y todo basado en una fe que movió a nuestra tierra desde hace 500 años.
Esta introducción y unas fotografías que vi el fin de semana me permitieron recordar, que en esta misma fecha el año 2002 recibí una llamada al teléfono fijo de mi casa justo antes de salir de ella. Escuché una voz determinada que preguntó por mí y me dio la instrucción de acercarme ese mismo día a las seis de la tarde a la puerta de la catedral, para participar de una reunión. No tenía idea de la agenda solo sabía que tenía que asistir. Salí de mis quehaceres cotidianos y me dirigí a la catedral a la hora pactada.
La reunión fue convocada por Sor Dorka en coordinación con dos sacerdotes de la basílica catedral, uno de ellos el padre Julio Murillo, sería nuestro guía en la conformación del primer Equipo de Animación Litúrgica de la catedral, la misma que se encargaría de dar testimonio de fe cada domingo en las dos misas: de diez de la mañana y seis de la tarde.
Fue un grupo humano maravilloso, con personas de diferentes edades y condiciones personales, como, parejas de muchos años de matrimonio que influían positivamente en otras parejas más jóvenes porque la experiencia y su ejemplo les permitían hacerlo, como la familia Ponce Paredes o la Sra. María Luisa Bustamante de quienes guardo un profundo aprecio.
Otros eran más jóvenes, algunos eran universitarios y otros de colegio. En total dieciséis personas que iniciaron una de las experiencias más gratificantes y llenas de fe que pude vivir y reflexionar desde la formación que recibí de mi mamá Olga.
Las fotografías que vi este fin de semana fueron de la eucaristía del encuentro del Equipo de Animación Litúrgica de la Basílica Catedral de Ayacucho, que cumplía 20 años de existencia, y que continúan con el servicio de voluntariado en nuestra catedral.
La fe no solo son las procesiones y las festividades en las que podemos participar según la devoción que tengamos. Si no y lo más importante, reflexionar sobre la Palabra de Dios y los documentos de su Magisterio, para ayudar a la comunidad a que tenga en cada una de ellas una vivencia profunda de su fe. Este
Equipo me dio esa oportunidad y lo sigue haciendo y eso me reconforta plenamente.
Felicitando a los actuales integrantes de este grupo de animación, hago votos para que sigan cumpliendo por muchos años más su labor apostólica y pastoral.



