El término “clásico” de por sí es imponente. Al escucharlo se nos viene a la mente los escritos en la antigua Grecia y Roma y también obras estupendas como El Quijote, Hamlet, La Odisea y demás libros que han logrado impregnar sus inmortales palabras en el mundo a pesar del tiempo. Muchos han sido los literatos, críticos y autores que se han aproximado a definir lo que es un clásico y lo que convierte a un libro a considerarse como tal, una cuestión que es una constante en la historia de la literatura.
Sin embargo, en el libro Por qué leer los clásicos, ítalo Calvino determina que un clásico “es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir” son aquellos que se prestan para innumerables interpretaciones, son de relectura y descubrimiento constante. Además, menciona que: “tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él”. Así pues, son aquellos que nos cambian, nos hacen reflexionar, nos hacen más humanos, se convierten en parte de nuestro ser una vez leído.
Asimismo, los clásicos tienen una tremenda proeza, aquella que los permite perdurar a través del tiempo y quedar en la memoria colectiva como algo importante. La universalidad es también un pilar fundamental para un libro. Entonces, un libro considerado clásico, es sencillamente aquel que transmite su mensaje con la misma fuerza con la que se publicó. Se adapta a las circunstancias y a las diferentes épocas. Un libro que se aferra a seguir viviendo y que se niega a desaparecer. Porque un libro estático es un libro muerto.
Del mismo modo, Borges en su ensayo sobre los clásicos, establece que “es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad” cada lector es libre de escoger los libros que desea leer, no tengamos temor a leer un clásico ni tampoco atribuyamos solamente a los que se han escrito hace siglos atrás; sino también a los actuales a los modernos como, por ejemplo, Cien Años de Soledad, Austerlitz, La metamorfosis, Lolita y así una larga lista. Debemos tomarlos como referencia y no como lecturas obligatorias, para leerlos es importante sentir la plena libertad y como reafirma Calvino “si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino solo por amor” Así que, no leamos solo por imposición o por mero presunción de conocimiento.
Entonces respondiendo a la pregunta inicial de, ¿Qué es lo que necesita un libro para ser catalogado como clásico literario? Diría que los clásicos son siempre fuentes inagotables de calidad y que el tiempo se encarga de determina si el libro es bueno o no. Son aquellos que aportan calidad, conocimiento y sobre todo humanidad, eso es lo que hace a un libro “clásico”.
Los clásicos existen y existirán siempre y hay para todos.



