InicioEDITORIALRecuperar el ideario de los libertadores | EDITORIAL

Recuperar el ideario de los libertadores | EDITORIAL

América del Sur consolidó su independencia un 9 de diciembre de 1824 en la Pampa de Ayacucho, donde Sucre reclamó a sus soldados el máximo sacrificio, porque entendía que la batalla definía el destino de la América del Sur.

Era un subcontinente que ingresaba a formar parte del naciente mundo de las repúblicas independientes, en una época donde los imperios europeos y las monarquías dominaban el mundo. Eran pueblos rebeldes que no se doblegaron a la amenaza de la Santa Alianza, decidida a apoyar al imperio español para recuperar sus dominios en las indias occidentales, es decir América.

Nacidas nuestras repúblicas, el sueño bolivariano de una gran nación, donde cada una de las repúblicas formen parte de ella en una confederación, se fue desdibujando y relegando luego del congreso de Panamá, el primero y único donde América Latina lo convocó y fue el protagonista.

Pero en sus entrañas estaba el ADN que trajeron los conquistadores, heredada por su descendencia, que no entendían que eran ciudadanos de una república y seguían pensando como súbditos de quien gobierna. Esta es la crisis primaria, y el origen de lo que luego serían nuestras naciones-estado.

Simón Bolívar, con total lucidez, diagnóstico que era “más difícil presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada.

¿Se puede prever cuando el género humano se hallaba en su infancia rodeado de tanta incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquélla grande? En mi concepto, esta es la imagen de nuestra situación”.

La república terminó capturada por la aristocracia limeña asociada con los aristócratas de las ciudades más importantes como Cuzco, Arequipa, Trujillo, que se habían desarrollado en las últimas décadas del virreinato, desplazando a las que constituían la llamada ruta de la plata: Lima, Huamanga, Cuzco, Potosí.

Todas las ideas de los libertadores fueron desechadas. El tributo indígena volvió a ser fuente de la economía del país. La esclavitud contra los afroamericanos volvió a restaurarse. Y los españoles que se quedaron y sus descendientes, con sus títulos nobiliarios, asumieron el gobierno o utilizaron caudillos para que lo hagan.

Doscientos años después hay un nuevo despertar de esas ideas que forjaron la patria. Se parece en gran parte a lo que sucedió en el centenario de la independencia, y el surgimiento de las grandes movilizaciones y de los partidos históricos que se enfrentaron a la vieja aristocracia y la oligarquía.

Si, debemos volver a las palabras de Sucre en Ayacucho: “de los esfuerzos de hoy, pende la suerte de América del Sur”. No sólo del Perú, sino de la América de todas las sangres, de múltiples naciones que tienen que encontrarse para construir un mundo mejor.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR