InicioCOLUMNISTAS¿Regresan los caviares? Autoritarismo mercantilista versus democracia liberal | Opinión

¿Regresan los caviares? Autoritarismo mercantilista versus democracia liberal | Opinión

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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En vísperas del proceso electoral, el Perú enfrenta un choque entre dos modelos. Un autoritarismo conservador, mercantilista y corrupto, de casi 500 años, arraigado en estructuras desiguales y reciclado en el autoritarismo fujimorista de los 90. Y una democracia liberal y social que, entre los años 2000 y 2019, construyó un incipiente y frágil Estado basado en leyes, meritocrático y de derechos.

El autoritarismo es antiguo. Una de sus fuentes es el mercantilismo corrupto precapitalista colonial, como uso del Estado para beneficio de élites y perpetuado en la República. Otras son: racismo, discriminación, exclusión. Se consolidó y modernizó perversamente durante el fujimorismo de los 90, donde, según el historiador Alfonso Quiroz, se creó la red de corrupción peruana más sólida y articulada, y explicó la continuidad del régimen.

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Tras la derrota del fujimorismo, nació el 2000 una “primavera democrática” que impulsó reformas claves, como la SUNEDU por la calidad educativa, leyes contra el crimen, mejora de instituciones autónomas, entre otras transformaciones del Estado que permitieron la captura de la banda, “Los Cuellos Blancos” dentro del poder judicial, y uno de sus miembros es hoy fiscal de la nación. Ese movimiento democrático fue llamado por la extrema derecha como “caviar”.

Ese proyecto más democrático liberal que socialista, se sustentó en el “caviarismo” -conjunto de liberales y socialdemócratas-, pero fue una fuerza dispersa, inorgánica, diversa, formada por intelectuales y técnicos sin liderazgo ni organización política ni bases sociales. Careció de profesionales para concientizar a la sociedad de ese proto proyecto liberal que intentó acabar con el autoritarismo conservador corrupto expresado en el fujimorismo.

Pero el fujimorismo y sus aliados se reagruparon bajo el mando frío, autoritario y calculador de Keiko Fujimori. Su estrategia exitosa de controlar mediante el miedo, y cooptar mediante la tolerancia a la corrupción, logró la restauración, de lo que Rosa María Palacios denominó los MAC: Mercantilistas, Autoritarios y Conservadores, y que otros llaman, el pacto mafioso, que controla el 60% de las instituciones democráticas liberales autónomas.

Controla el: Congreso, Ejecutivo, Junta Nacional de Justicia, Defensoría del Pueblo, Ministerio Público y Tribunal Constitucional. Cuatro bastiones democráticos, por ahora, son libres, pero bajo amenaza: Jurado Nacional de Elecciones, el Poder Judicial –bajo asedio–, Oficina Nacional de Procesos Electorales, y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil, que han sufrido intentos de cooptación.

Así, hay un Estado autoritario, como lo señalan medios internacionales como The New York Times, pues la libertad muere cuando el Estado “no puede o no quiere limitar a los poderes privados depredadores”, a esos “poderes paralelos”, que no están totalmente dentro ni fuera del Estado, y prosperan porque las autoridades y funcionarios los toleran, y como en Perú, los abrazan tanto que la línea que separa lo legal del crimen se desvanece.

Añade. Esos poderes crearon feudos, donde líderes indígenas, ecologistas, periodistas y sindicalistas son “acosados y asesinados sin ningún escrúpulo y con casi la misma impunidad que en una dictadura.” El puñado de familias poderosas lo permiten, dan “leyes pro-crimen”, para ahogar sus procesos judiciales, limitando las investigaciones y permitiendo un Estado donde las bandas y mafias aplican sus propias leyes. Como en el gamonalismo.

El diario dice que es “un acuerdo rentable para los de arriba”, y que el Congreso promueve sus intereses comunes. “Este tipo de desgobierno es más encubierto que una dictadura y potencialmente más sólido”, pues parece que “la democracia sigue funcionando”. Pero, instaura un régimen militar, abusivo e ilegal. Por eso estas elecciones deben contribuir a crear bastiones democráticos en el Estado y en la sociedad civil, para frenar la naciente dictadura.

Así, la contradicción principal es restauración autoritaria, conservadora, mercantilista, racista y excluyente versus defensa de la democracia liberal, Estado de derecho y meritocracia. Las elecciones son un campo de batalla para recrear las fuerzas democráticas liberales y socialistas. El retorno del “caviarismo” es una opción política democrática. Confiamos que la ciudadanía, hastiada del pacto mafioso y corrupto, podrá discernir y optar decididamente por reconstruir una democracia que, lamentablemente por la reposición autoritaria fujimorista y sus aliados incluido Perú Libre, nunca terminó de desarrollarse para todos.

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